Juan Carlos Callacondo Velarde Profesor y
Comunicador Social
Esta semana los transportistas de servicio público hicieron una sui géneris
paralización mostrando su protesta, su berrinche, su chantaje delincuencial, como una reacción al rechazo de una resolución del Ministerio de Transporte que obliga
a sacar de circulación a 2 mil 125 unidades, cuya antigüedad supera los 20 años
de fabricación. La mayor parte de las
unidades de transporte público que circula por la ciudad son chatarras andantes
que se resiste al tiempo, a la norma y al orden.
Los transportistas de servicio
público no es que desafían por primera vez a la norma y a la vida, sino este es su práctica cotidiana. Este grupo informal
de seudo empresarios hace mucho que vive
en anomia, generan anomia. Esta anomia al ocurrir en un servicio público en nuestras sociedades es global y general
porque afecta a la ciudad como un todo. Por eso que no se discute, analiza y
propone alternativas serias por aquellos sectores convocados a solucionar el
problema.
El transporte público en Arequipa es el primer problema de mayor
importancia, porque afecta de manera directa todos días al millón de habitantes
que vive en esta ciudad. Con mayor amargura y acides en aquellos ciudadanos de
pie que se quedan mirando en el paradero como pasan llenos y repletos las
combis y buses chatarras. O se chupan la lengua por la exquisitez de aquellos
taxistas que solo te llevan donde les da la gana y ponen las tarifas más
leoninas. Ir al trabajo o a estudiar en
horas puntas y volver a casa en Arequipa es un verdadero martirio desde las
primeras horas del día hasta la última hora de la noche. Sin embargo como una
consecuencia de la anemia nadie se atreve a discutirlo participativamente y
concertadamente a buscar soluciones
inmediatas, a corto y largo plazo.
Los transportistas recurren al chantaje, la autoridad a la amenaza y el
usuario a la cultura del renegón pasivo. No creo que se tan cierto que no
exista inversionistas que desean comprar unidades nuevas para mejorar el tránsporte.
Sino que existe negociado, corrupción, monopolio sobre las rutas. Existe
incapacidad por los funcionarios por reordenar las rutas. Existe debilidad para
aplicar la norma y sancionar a los malos transportistas. Existe negligencia de
la autoridad por colocar en la agenda y buscar soluciones concretas y reales.
Luego solo nos venden la utopía de del SIT o el puente chilina.
El alcalde Alfredo Zegarra entrando nomas pateo el tablero del proceso
de licitación pública rutas del Sistema Integrado de Transporte SIT, se tiró
abajo todo lo avanzado por su antecesor alcalde. Movido por su gran ego, que en
ese momento revoloteaba por todo lo alto y con su sobre estima de autosuficiente expresó que solucionaría
el problema en pocas semanas. Pasaron ya dos años, vamos por el tercero y el
cuarto y no existe ningún avance. Los
transportistas que en ese momento fueron sus aliados hoy le ponen en jaque. Se
hace urgente buscar soluciones de todo el transporte público en la ciudad sino
nos acabará devorando la anomia de los transportistas.

0 comentarios:
Publicar un comentario