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viernes, 30 de agosto de 2013

TRANSPORTE PÚBLICO

Juan Carlos Callacondo Velarde                                   Profesor y Comunicador Social
Esta semana los transportistas de servicio público hicieron una sui géneris paralización mostrando su protesta, su berrinche, su chantaje delincuencial,  como una reacción al rechazo de una resolución del Ministerio de Transporte que  obliga a sacar de circulación a 2 mil 125 unidades, cuya antigüedad supera los 20 años de fabricación. La  mayor parte de las unidades de transporte público  que  circula por la ciudad son chatarras andantes que se resiste al tiempo, a la norma y al orden.
Los transportistas  de servicio público no es que desafían por primera vez a la norma y a la vida, sino este  es su práctica cotidiana. Este grupo informal de seudo empresarios  hace mucho que vive en anomia, generan anomia. Esta anomia al ocurrir en un servicio público  en nuestras sociedades es global y general porque afecta a la ciudad como un todo. Por eso que no se discute, analiza y propone alternativas serias por aquellos sectores convocados a solucionar el problema.
El transporte público en Arequipa es el primer problema de mayor importancia, porque afecta de manera directa todos días al millón de habitantes que vive en esta ciudad. Con mayor amargura y acides en aquellos ciudadanos de pie que se quedan mirando en el paradero como pasan llenos y repletos las combis y buses chatarras. O se chupan la lengua por la exquisitez de aquellos taxistas que solo te llevan donde les da la gana y ponen las tarifas más leoninas. Ir  al trabajo o a estudiar en horas puntas y volver a casa en Arequipa es un verdadero martirio desde las primeras horas del día hasta la última hora de la noche. Sin embargo como una consecuencia de la anemia nadie se atreve a discutirlo participativamente y concertadamente a  buscar soluciones inmediatas, a corto y largo plazo.
Los transportistas recurren al chantaje, la autoridad a la amenaza y el usuario a la cultura del renegón pasivo. No creo que se tan cierto que no exista inversionistas que desean comprar unidades nuevas para mejorar el tránsporte. Sino que existe negociado, corrupción, monopolio sobre las rutas. Existe incapacidad por los funcionarios por reordenar las rutas. Existe debilidad para aplicar la norma y sancionar a los malos transportistas. Existe negligencia de la autoridad por colocar en la agenda y buscar soluciones concretas y reales. Luego solo nos venden la utopía de del SIT o el puente chilina.

El alcalde Alfredo Zegarra entrando nomas pateo el tablero del proceso de licitación pública rutas del Sistema Integrado de Transporte SIT, se tiró abajo todo lo avanzado por su antecesor alcalde. Movido por su gran ego, que en ese momento revoloteaba por todo lo alto y con  su sobre estima de autosuficiente expresó que solucionaría el problema en pocas semanas. Pasaron ya dos años, vamos por el tercero y el cuarto  y no existe ningún avance. Los transportistas que en ese momento fueron sus aliados hoy le ponen en jaque. Se hace urgente buscar soluciones de todo el transporte público en la ciudad sino nos acabará devorando la anomia de los transportistas.

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