Juan Carlos Callacondo
Velarde
Comunicador Social y Docente Universitario.
Todos los medios de
comunicación abren y cierran sus ediciones a la espera de los últimos audios de
la vergüenza. Todos estamos ansiosos y preocupados en conocer todos hechos de
corrupción que ha corroído las entrañas del poder judicial. La opinión pública
nacional nunca antes había visto y escuchados episodios tan ignominioso de
jueces y fiscales que comercialicen por dinero, favores o prebendas de uno de
uno de los intangible más grandes y preciados como es la “Justicia”.
En los diálogos de La República
de Platón desde la antigua Grecia se
debate sobre el significado y la forma de representación que la población tiene
sobre la Justicia. En estas discusiones se
expresaba tres formas de representación: el primero, “la justicia como la
necesidad dar a cada uno lo que se le
debe”; que la mayor parte de la población
posee esta representación, de tal forma buscamos que lo justo es pensar
en los más excluidos, en los desposeídos, pero también en nuestra a la familia
y nuestros amigos. En algunos audios se
escuchó decir “los puestos no son para
los mejores sino para los mejores amigos”.
Entonces “¿consistirá lo justo en hacer bien a los amigos y mal a los
enemigos?”
La otra forma de representación
de la justicia es aquella que se ve lo “justo como lo ventajoso para el más
fuerte”. Entonces para controlar la justicia hay que tener el poder, poder para ser
más fuerte. En los famosos audios
de la corrupción se busca coordinar,
copar todo los espacios de las
instituciones guardianes de la justicia
y del Estado para demostrar su poder. Cerca del poder muchos buscan ser fuerte para hacer justicia. Entonces, surge el problema ¿la justicia es fuerza y la
injusticia debilidad? Un ciudadano de a
pie siempre será débil y, por lo tanto solo disfruta de la injusticia y no
alcanza la justicia, porque no tiene contactos, no tiene a los mediadores, no tiene los
recursos económicos necesarios.
Para otros lo justo es lo que
dicen las normas, las leyes, los principios, los valores, de tal forma que
la “La justicia no existe por naturaleza
sino que es lo establecido por la ley”. Entonces qué pasa en nuestra sociedad
que el Estado y la ley está controlados por hombre injusto, que cuando llega al poder establecen leyes en su
beneficio. La injusticia sería pues un bien y la justicia un mal.
En fin, a estas alturas del
partido, tras las broncas de los fiscales supremos, las acusaciones entre
jueces, los intereses de los líderes y políticos, de lo que se mueve detrás de
los audios de la vergüenza y los administradores de los audios, no sabemos
finalmente que es lo justo.
Los sabios griegos consideraban
que un Estado civilizado ideal tiene
tres clases: los gobernantes, quienes tienen conocimiento y sabiduría, los
guardianes quienes nunca descansan por conseguir la justicia y los ciudadanos, que buscan la justicia en sus derechos. Para
los dos primeros los gobernantes y los
guardianes su deber es “amar y aprender amar la Justicia sobre todas las cosas”. En nuestra realidad estas
dos clases han perdido la noción de
Justicia y no la aman, ni quieren amarla.
La única forma de reconstruir y
tener hombres probos para gobernar y
tener buenos guardianes y amén la justicia
es con la educación y no solo con
la instrucción que muchos jueces, fiscales, empresarios y políticos han alcanzado.