Juan Carlos Callacondo Velarde
El Consejo Regional de Seguridad Ciudadana y la Policía
Nacional se han puesto muy pilas al final del año. Desde la semana anterior han
programado diversas actividades con la finalidad de colocar en la agenda local
y personal la preocupación urgente y prioritaria de construir una cultura
de seguridad ciudadana. El sábado anterior hicieron una espectacular
demostración del trinomio policía, juntas vecinales y serenos por las calles de
centro histórico, fue una marcha fatuo pero con mucho demostraciones de lo que
no debe hacer en seguridad, como serenos colgados de unidades móviles, personas,
niños y personas sobre las tolvas de las
camionetas de seguridad, en fin, entre otras anécdotas, pero detrás de bambalina,
el mismo discurso represivo, más policías, más serenos.
Esta demostración nos pone en sobre alerta la necesidad
de ampliar nuestra mirada sobre seguridad, los municipios además de serenazgo
necesitan invertir como parte de su propuesta en programas
educativos, más agresividad en la organización
de la comunidad, programas de prevención de consumo de alcohol,
drogas y la lucha frontal contra la pobreza y la desigualdad.
Los programas educativos están orientados a
prevenir la violencia desde la escuela desde diferentes prioridades. En primer
lugar, atacando la disminución de la
deserción escolar y el embarazo precoz de escolares. Está establecida una
relación directa entre bajos niveles
educacionales y la violencia, junto con una alta deserción escolar entre quienes
cometen algún delito. En la mayoría de nuestros jóvenes de las numerosas bandas
o pandillas son los responsables de la mayor parte de la inseguridad ciudadana, de igual manera estos jóvenes muestran
haber abandonado el sistema escolar en la época de adolescentes.. En segundo
lugar el programa educativo tiene que educar para la resolución pacífica de los
conflictos que son punto de partida de los múltiples problemas violencia,
recordemos que el aprendizaje social, especialmente en la infancia, tiene un
peso formativo para toda su vida. Es más rentable en el futuro inmediato tener programas
educacionales formales e informales que desarrollan habilidades para resolver
los conflictos de manera pacífica y no de manera violenta.
Otra prioridad urgente es la organización de
la comunidad a través de diferentes
mecanismos como pueden ser juntas vecinales, promotores de seguridad y otras
formas de organización. Se hace necesario que los propios vecinos construyan redes
de relaciones y acciones de educación comunitaria casa por casas, vecino por
vecino, que son los sistemas de sensibilización y comunicación más exitosas.
En nuestra ciudad es urgente impulsar
programa de prevención de consumo del alcohol y las drogas, esta dos variable
se asocian cada vez más con hechos de violencia y criminalidad. Estos programas
deberían estar instalados en colegios y las calles.
Si la violencia, y la inseguridad se entiende como resultado de la
anomia o ruptura social, para que haya seguridad ciudadana habrá que crear las
condiciones económicas, políticas y sociales que propicien el desarrollo y
cohesión sociales de nuestras ciudades. Desde este enfoque, la pobreza, se convierte
en un problema de seguridad no porque ser pobre convierta a las personas en
delincuentes sino porque la pobreza puede producir fragmentación social y
convertirse en un obstáculo para el desarrollo. Estas son algunas ideas fuertes que las gerencias y sub
gerencias de seguridad ciudadana deben
incorporar en sus planes de acción.
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