Carlos León Moya - SER
Le bautizaron como Ollanta, “el guerrero que todo lo ve”.
El guerrero que todo lo divide.
No soy de izquierda ni de derecha (Humala), y yo no soy un político, soy
un patriota, quiero a mi país (Valdés). Vamos al centro y hacia abajo
(Valdés), pero ahora estamos arriba (Humala). Mientras en Europa es de
día, en Sudamérica es de noche. Mientras allí es invierno, aquí es
verano. ¿Agua u oro? ¡Agua! No, ¡oro! No, agua y oro (Humala, en
distintos tiempos).
El guerrero que todo lo calla.
Humala es él. Nunca fue partido. Ni Gana Perú fue partido. Cuando
conversas con él, su parquedad y silencio no generan la confianza de un
dirigente político y de un líder (Gregorio Santos). En el primer
encuentro que sostuvimos, antes de celebrar esta entrevista, me
sorprendió su timidez, que le hacía parecer huidizo. También el hecho de
que, contra lo que suelen hacer los políticos, estuviera dispuesto a
escuchar, sin sentir la necesidad imperiosa de colocarme un discurso, de
demostrar que todo lo sabe (Cebrián). La primera vez que conocí a
Humala fue rodeado de un entorno al que él llamaba su Estado Mayor,
refiriéndose a un grupo de ex militares. A mi no me parecía mal que
militares hagan política, más aún en un país donde han tenido banderas
reformistas importantes. Pero sí me parecía mal su manera de interactuar
con ellos. Humala se comportaba allí como un estratega militar. Los
demás escuchan, solo él habla (Marco Arana). Humala iba al inicio a las
reuniones de Ciudadanos por el Cambio pero dejó de asistir. A él le
aburren los debates, les rehúye. Él va a mandar (Un pajarito).
El guerrero que todo lo abandona.
Es como un marido que se va de la casa. Pero en este caso en realidad el
marido ha botado a la mujer de la casa y ya no vas a estar con él por
propia dignidad, tocando las puertas de la casa (Rosa Mávila). No lo
trates no, no me trates de engañar, sé que tú tienes a otra, y a mi me
quieres para mmm (Alika y El General). Si Mavila quiere retirarse tiene
las puertas abiertas (Abugattás). Lárgate, has de tu vida lo que quieras
(Hermanos Yaipén). Si nos proponen abandonar el oficialismo, sería como
proponernos abandonar las propuestas por las que el pueblo nos eligió
en las urnas (Javier Diez Canseco). Ay Lola. Lolita. Adiós Lolita de mi
vida. Yo te prefiero compartida que borrarte de mi vida, no me queda
otra salida. (La Charanga Habanera). Tenemos un gabinete de centro
derecha que olvidó la gran transformación (Huamán). Miénteme como
siempre, por favor miénteme. Necesito creerte, convénceme. Miénteme con
un beso que parezca de amor (Luis Miguel).
El guerrero que todo lo delega.
Luis Favre no está en el gobierno, no tiene oficina en Palacio. Él está
contratado para consultorías por el Partido Nacionalista. No influye en
el Gabinete, asesora al presidente en el tema de imagen (Valdés,
ilusionista). Necesitamos a gente proactiva (Valdés, jefe de recursos
humanos). Ollanta y Nadine salen una noche fuera de Palacio a cenar para
cambiar de ambiente. Llegan con la escolta a un restaurante conocido de
Lima y al sentarse, el dueño pidió saludar a la Primera Dama. Luego del
saludo y la cena, ya de vuelta, Ollanta le pregunta el porqué del afán
del dueño en saludarla. Nadine le responde que en el colegio él se moría
por ella. Ollanta le dice "Si te hubieras casado con él hoy serías
dueña del restaurante". Ella responde: "¡No! ¡El sería ahora Presidente
del Perú!" (Victor Tejada). Somos muy duros con el presidente Ollanta
(Valdés, papá).
El guerrero que todo lo confunde.
No tenemos la capacidad para hacer la gran transformación (Valdés). ¡Ya
estamos haciendo la gran transformación! (Humala). Yo sigo fielmente la
hoja de ruta (Valdés). Hay que reconocer una ideología nueva, el
nacionalismo [latinoamericano] (Humala, ideólogo). Conga no lo he hecho
yo. Yo heredo una criatura con 6 meses de vida y yo no puedo hacer un
aborto de eso (Humala). Vamos a impulsar el aborto terapéutico, pero con
carácter transversal, necesitamos que todos estos ministerios aporten
dentro de su competencia (Ana Jara).
Le bautizaron como Ollanta, “el guerrero que todo lo ve”.
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lunes, 30 de enero de 2012
viernes, 27 de enero de 2012
Libertades Politicas
Publicado por
Juan Carlos Callacondo Velarde
Libertades Politicas
Juan Carlos Callacondo Velarde
Imaginemos
por escasos momentos como seria un gobierno comunista del MOVADEF, Presidente
de la Republica Abimael Guzmán, Premier Ministro
Alfredo Crespo, Ministro de Educación Osmán Morote, Ministro del Interior Artemio, hay que miedo. Un gobierno comunista
siempre será por esencia una dictadura, entonces la propuesta de MOVADEF no es
democrática, sino simplemente hay que revisar los casos de Cuba, Venezuela,
como en su días lo fueron las distintas experiencias, desde la lejana
Revolución de 1917 hasta las surgidas una vez acabada la II Guerra Mundial todas
esta experiencias entraron en decadencia e extinción por restringir la libertad
y los derechos fundamentales de las personas y los pueblos.
Históricamente
esta demostrado que el comunismo y la libertad nunca son compatibles y no irán
ligados de la mano, las dictaduras no respeta la libertad, no respeta los
derechos humanos y las libertades más básicas y fundamentales. Las experiencias
de Venezuela, Bolivia, Ecuador que
tienen la tendencia comunista son nefastos para la libertad y la democracia, en
estos países en nombre de la democracia
ilegalizan partidos políticos; en nombre de la libertad de expresión cierran
diarios; en nombre de la paz siembran muerte y odio; en nombre de los derechos
humanos torturan; en nombre del poder provocan muertes de campesinos y obreros.
La
propuesta de MOVADEF como movimiento político en estos tiempos aparece
trasnochado, aventurera y subversiva y no por eso deja de ser peligroso. Pero,
nos volvemos a equivocar de la forma como estamos enfrentando a este movimiento
político, ilegalizar al Movadef no es el camino, porque los prohíbo se vuelve
tentador, provocador, a Adán le prohibieron tomar la manzana y luego cometió el
pecado más grande de la humanidad, cuando se ilegalizó el consumo de drogas
aumentó su comercialización y su adicción, de igual forma el tratamiento comunicativo que hace la prensa
de ilegalizar y recordar la violencia terrosita alrededor del MOVADEF genera
provocación y violencia simbólica, antes de alejar de los jóvenes lo ponen de
moda, de alternativa, de posibilidad antes sus frustraciones, lo convierten en
fruta prohibida para una generación que busca los desconocido, lo ilegal.
Para
Melinda Arana de 26 años, Piero Fernández de 20 años y Carlos Albújar de 29, jóvenes
defensores del pensamiento Gonzalo, tal
vez incluso los 350,000 ciudadanos que han firmado los planillones del Movadef
para su inscripción no es que no sabían lo que firmaban, yo personalmente lo
dudo, muchos lo hicieron de forma conciente, en fin, el espectáculo de Movadef
señala gruesos errores de nuestra frágil democracia y la ausencia de partidos
políticos en un país con tanta tradición democrática.
¿Quién
a engendrado nuevamente el MOVADEF? la incapacidad de los partidos políticos de hacer una
lectura adecuada de la pobreza y la corrupción del país y entregar una
propuesta seria y viable para derrotar la pobreza, la exclusión. La ausencia de
doctrinas políticas democráticas en las
univerisdades para combatir ideológicamente a Sendero y el Movadef desde las
aulas. Los candidatos presidenciales y municipales que escogen como primeros de lista a gente de la farándula o descocidos que
están llenos de plata y buscan solo fama e interés personales.
La
otra parte vino del mismo gobierno que no ha tomado en serio el Informe de la Comisión de la Verdad y la Reconciliación. La
presencia cancerigena del Movadef en el escenario nacional, esté o no
rechazado por la JNE,
es el resultado de la miopía, la incapacidad de nuestros dirigentes políticos y
la ausencia de ejercicio de nuestra ciudadanía, que no podemos mirar la
realidad de nuestro país, sino sólo nuestros propios interés particulares y partidarios. El gran error de
los partidos y de la sociedad no es otro sino el vacío que ofrecemos a nuestra
juventud.
lunes, 23 de enero de 2012
A la opinión pública
Publicado por
Juan Carlos Callacondo Velarde
A la opinión pública
Juan Carlos Callacondo Velarde
Esta
semana la noticia nuevamente estuvo en el Congreso de la Republica, el
controvertido congresista Omar Chehade
renuncio a la segunda vicepresidencia y luego la comisión permanente del congreso lo dejó libre por un voto en la acusación de
patrocinio ilegal y de esta manera también se salvo de ser desaforado del
congreso. El presidente del congreso
como para remediar el caso ha decido devolver el expediente de acusación
a la fiscalía para que siga con la investigación. El nuevo debate
público se centrará en levantar o no la
inmunidad parlamentaria para que sea
juzgado como todos los acusados. Por otro lado los medios de comunicación masiva
nuevamente han dedicado muchas páginas y muchas horas para contarnos los sucesos
anecdóticos del congreso de la república.
Este
nuevo caso debe permitirnos reflexionar sobre algunos temas de fondo como son
la representación política, la opinión pública y el rol de los medios de
comunicación. Los congresista, los consejeros, los regidores y entre otros cargos políticos tienen
delegado la facultad de representarnos
para que ellos en lugar nuestro analicen,
decidan y resuelvan, por un tiempo determinado todo los asuntos públicos. Esta
representación es una autorización legítima y pública que requiere
una conexión permanente, un dialogo de doble direccionalidad entre los representados
y los representantes. Esta relación que es lógica e ideal que nunca se dado,
tampoco se podrá dar sino existe un pleno ejercicio de nuestra democracia y
nuestra ciudadanía. La representación política no significa libre albedrío de
dejar hacer y dejar pasar, nuestros representantes tienen deber ético de buscar
y encontrar los canales, los medios, los mecanismos mediante los cuales rindan
cuentas y recojan nuestras necesidades, nuestros intereses cotidianamente. Es
nuestro derecho como electores y ciudadanos es exigir que así sea.
Una
forma de estar en sintonía con el pueblo
es escuchar lo que dice la opinión pública, la opinión publica no es el chisme,
el escándalo o la encuesta de opinión del fin de mes, sino son la construcción
de consensos, el diálogo racional, plural y sin manipulaciones de ningún tipo,
el pensamiento del conjunto de los ciudadanos sobre las cuestiones que suscitan
el interés general o son motivo de la administración pública. Los principales actores
para colocar estos temas son los medios de comunicación. La radio, la
televisión y los periódicos de circulación nacional han perdido el interés por
la opinión pública real o critica, se han alejado de hablar de un estado
democrático auténtico, de una educación cívica y ciudadana, muchos se han
convertido en comerciantes y ambulantes mercachifles que tienen el interés de
ganar unos centavos con las portadas de mujeres desnudas, noticias
sensacionalista de violencia, muerte o el
chisme de comadres, o simplemente camuflar
sus inversiones y poderes
económicos en la seudo opinión pública o manipulada que nos
muestra grandes los noticieros de
televisión y periódicos de circulación
nacional.
Necesitamos
generar y construir más espacios democráticos donde la opinión, el análisis y
participación permitan mediaciones críticas en la comunicación política para
salir de la crisis de representación y
derrotar esta época de vacíos de contenidos.
viernes, 13 de enero de 2012
SIN CALLE
Publicado por
Juan Carlos Callacondo Velarde
SIN CALLE
Juan Carlos Callacondo Velarde
La
Segunda Sala Penal
para Reos en Cárcel de Lima revocó la orden de detención contra el estudiante
Gastón Mansilla, quien fue encarcelado por disparar y provocar la muerte de un delincuente
que intentó robarle. Esta, es una
evidencia más del vorágine sinuoso
de la violencia callejera que
crece descontroladamente día a día, las cifras policiales nos presenta la
muestra de cómo a diario mueren en las
calles muchas personas abatidas a asalto
a mano a armada, o como víctimas fortuitas de un cruce de fuego entre policías
y ladrones, o entre delincuentes y asaltados que han aprendido a defenderse por
sí mismos, estas escenas forma parte del duro panorama cotidiano que
ofrecen las arterias de nuestra ciudad.
Las
calles ya no son el lugar donde antiguamente podíamos salir a jugar, conversa, pasear, mirar, fastidiar, piropear y disfrutar de nuestro tiempo de ocio, hoy la
mayor parte de las calles están vigiladas, sembradas y empedradas de delincuentes, policías, guachimanes agentes privados, perros de seguridad, cámaras
de video vigilancia, alarmas o algún otro dispositivo que mejore nuestra
percepción subjetiva de seguridad, hasta
diríamos que nuestra calles son el marco de la escenificación del mal -un mal
no metafísico, sino delictivo, craso y demoledor- ¿quién se atreve hoy que sus hijos estén solos
en la calle? De hecho nadie, es difícil, las estadísticas y la experiencia
personal nos muestra que la mayoría de nosotros fue asaltado una o más veces en
al término del año o que haya sido víctima de algún intento de robo, o bien
testigo impotente de un hecho de violencia en plena calle.
Hay
algo profundamente desolador en esta especie de juego -patético- en que
cualquiera es capaz de matar a otra persona para robarle por unos soles, un celular o un par de zapatillas
deportivas de suelas acolchadas, pueda generar tanta violencia. Los móviles, a
primera vista, son irrisorios e irrelevantes por su insalvable trivialidad:
nunca se vieron tan absurdos, banales y patéticos objetos del deseo. A menos
que, como suele ocurrir con escandalosa frecuencia, el motivo del crimen sea el
hambre, y, entonces, ¿a quién atribuir la vergüenza y la culpa? Al hambre y la
pobreza, es cierto, admite algunas subdivisiones: hay hambre tanto de droga
como de pan, lo cual, en el fondo, quizá termine por formar parte del mismo
problema, aun nadie ve el problema de esta manera más integral, por ello
siempre estamos pensando en eliminar la delincuencia con más policías o tiro de
la bala. La calle necesita soluciones más integrales donde por producto de la
educación, la formación de una cultura preventiva, las familias mas
cohesionada, por la práctica del deporte, por la presencia de padres
responsables, de hijos con proyecto de vida disminuyan mas delincuentes,
drogadictos y prostitutas.
La
alternativa no desdeñable, pero prospera es buscar que todos la tengan la
responsabilidad de cuidar la cosas y la vida de sus semejantes y sus prójimos,
eso pasa por asesorar, acompañar, formar psicológicamente a la familia en relación con
los cambios emocionales de los hijos y el rol que la educación tiene en ellos.
Esta es importante atacar directamente
en la mente de las personal, el desarrollo moral e intelectual solo así
realmente diminuiremos la violencia en
las calles.
viernes, 6 de enero de 2012
REVOCATORIA
Publicado por
Juan Carlos Callacondo Velarde
REVOCATORIA
Juan Carlos Callacondo Velarde
Algunas
veces no me gustaría estar en el pellejo de las autoridades, esencialmente
los alcaldes, para muchos de nosotros
son los responsables, son la causa y la razón de todos nuestros males y
milagros, la delincuencia, el transporte, la basura en las calles, el corte de
luz, de agua, las inundaciones es por responsabilidad del alcalde, hace mal los
criticamos, hace bien, igual, este es un bonito juego donde toda la culpa solo lo tiene el alcalde
es un juego democrático, hasta lo bueno es malo, a tal ritmo podríamos asegurar
que las intensas lluvias que vivimos
estos días es por culpa de los alcaldes.
Estos
5 meses los alcaldes estarán bajo la lupa y en la boca de todos y tendrán la
culpa de todo, sino inmediatamente vendrá la amenaza de la revocatoria. Desde
el 2 de enero el Jurado Nacional de Elecciones ha iniciado la venta de Kits
electorales para la
Consulta Popular de Revocatoria de Autoridades Regionales y
Municipales 2012, hasta el día de hoy a nivel nacional se lograron vender 679 kits de los cuales 13 corresponden a la
región de Arequipa los primeros pedidos
de revocatoria son del alcalde Alfredo
Zagarra del Municipio Provincial de Arequipa, de los municipios de Alto Selva Alegre, Cerro Colorado, Yarabamba,
Camaná entre otros, sin duda el más simbólico y mediático es la alcaldesa
Susana Villarán de municipio capitalino.
La
revocatoria es un derecho político que puede ejercer cualquier ciudadano, el
mismo que se encuentra regulado en la
Ley de Participación y Control Ciudadano donde expresa que se
puede destituir en sus cargos a alcaldes y regidores, autoridades regionales y
jueces de paz que provengan de elección popular, para iniciar el tramite
primero debe de recogerse como mínimo el 25% de firmas de electores del
distrito o la provincia y el mismo debe se presentadas hasta el mes de mayo ante
la Oficina Nacional
de Procesos Electorales, luego para revocar el cargo debe convocarse a una
consulta popular donde el 51% de electores deben de pronunciarse de forma
favorable.
Esta
ley es uno de los pocos instrumentos
legales y democráticos que permiten encauzar el descontento popular y los conflictos
políticos en el marco de la institucionalidad democrática, es bueno que podamos
ejercerlo porque reconoce a los
ciudadanos como el protagonista de todo, fortalece la democracia como un estilo de vida, un modo de vivir basado en el respeto de la dignidad humana,
la libertad y los derechos de todos y cada uno de los miembros de la comunidad.
Sin
embargo, también de detestable que pueda
servir de mecanismos de presión y chantaje que utilizan algunos dirigentes para
sacar ventajas económicas y personales o sirvan de cómo instrumento de venganza
para desestabilizar la gestión por parte de algunos adversarios políticos que
quedaron en carrera. Estamos totalmente de acuerdo con aquellas iniciativas que
buscan que la autoridad reflexione y cumpla con sus promesas electorales, que
castiga la corrupción, que revoca la incapacidad, pero no con aquellos donde
solo tienen afán protagonista de algún candidatos perdedor o algún potencial candidato, pero mucho menos
debemos estar de acuerdo con aquellos dirigentes que se parecen a los
pandilleros o la barras bravas que aprovechan su desempleo o desocupación para robar y
chantajear y sacar provecho personal.
El
derecho político a la revocatoria que viene desde mismo pueblo para sacar
autoridades ineficientes, corruptas e incapaces ayuda fortalecer la democracia y buena convivencia.
domingo, 1 de enero de 2012
Una izquierda sin casa propia
Publicado por
Juan Carlos Callacondo Velarde
Por Carlos León Moya
Hoy: la izquierda en el Perú es más un sentimiento que una opción política. Como el Deportivo Municipal, tiene hinchas pero carece de equipo y estadio, y vive del recuerdo de sus épocas doradas.
En la práctica es una suma de individuos y pequeñas organizaciones que no llegan a ser partidos.
Tiene cercanía a redes de técnicos y operadores políticos, pero no le pertenecen. No tiene un proyecto conjunto y tampoco un liderazgo atractivo.
[Pasado] La apuesta propia, 1980-1992: alguna vez tentó el gobierno con fuerzas propias. Izquierda Unida es el claro referente de la década de los ochenta. El proyecto más logrado y exitoso hasta la fecha, pero fallido. En enero de 1989 Alfonso Barrantes lideraba los sondeos para las elecciones presidenciales, pero en diciembre de 1990 de la izquierda legal quedaba solo ruinas y cenizas. Varios factores, un solo resultado: el desplome total. Fujimori dio la estocada con un autogolpe que canceló el orden democrático y la Constitución que la izquierda no firmó. La reacción ciudadana varió entre la indiferencia y la aprobación. La izquierda no tenía cómo responder. Había perdido a la gente.
[Presente] Las élites o qué difícil es ser gobierno: Fuerza Social tentó un perfil propio y ganó la Municipalidad de Lima sin esperarlo, casi de casualidad. Tuvo en frente una tarea para la cual no estaban preparados: gobernar. Sin estructura partidaria y compuesto por tecnócratas profesionales con un manejo político amateur, la gestión de FS deja un tortuoso aprendizaje, muchas lecciones y un nuevo slogan: la realidad venció a la esperanza.
En el gobierno central el viejo saurio volvió del retiro, pero mal. Fuera de forma por estar lejos del Estado mucho tiempo, adocenados entre aulas y ONGs, se encontraron con que el monstruo era más difícil de lo que creyeron. Sus reflejos políticos fueron deficientes: no coordinaban entre sí, se torpedeaban, no asumieron de lleno su papel de funcionarios públicos y terminaron siendo más un estorbo que un activo para el Presidente. Ni siquiera pudo lograrse un aprendizaje efectivo. Su tono levantisco al salir del gobierno abonó en la imagen de una izquierda desleal que se sube a proyectos ajenos, del cual se va tirando la puerta cuando no le sirve.
En perspectiva, las élites de izquierda no han logrado de manera satisfactoria ni generar una oferta atractiva ni tener un buen desempeño al interior del gobierno. Sus principales caras son las mismas de Izquierda Unida, solo que sin partidos, sin bases sociales, sin técnicos, sin mujeres, sin millones, sin Cadillac.
[Pasado] Una izquierda sin proyecto, 1992 - 2006: tras el diluvio y el retiro general quedaron algunos núcleos. La dispersión y debilidad trajo como tarea la subsistencia. Los otrora intelectuales orgánicos se habían convertido en simples vegetales: tiempos duros los noventa. Mientras tanto, la variopinta oposición a Fujimori logró unirse, y la izquierda se enfrentó en 1994 a un dilema que la acompañaría casi dos décadas: ser socios menores de alianzas más grandes o tentar un camino propio con una identidad definida. Difuminar las propuestas y dejar el timón a cambio de llegar a la primera fila de la política nacional, o mantener un perfil definido a costa de seguir en la marginalidad.
La primera opción hizo que del realismo se pase a la desidia. Construir una fuerza política no fue la prioridad de muchas figuras públicas que participaron en los gobiernos de Paniagua y Toledo. Su solvencia profesional les bastaba para ser requeridos. En cambio, quienes intentaron generar un perfil propio tuvieron trágico final el 2006. Animados en exceso por el giro a la izquierda de América Latina, se suicidaron por separado dos candidaturas que pretendían mostrarse como “renovadoras” (Partido Socialista y Fuerza Social) y otra que iba en piloto automático al abismo (MNI). El descontento lo capitalizó Humala, mientras la izquierda lo acusaba de “robarle el programa”.
[Presente] Inercia. La izquierda tiene algo de Walt Disney: está congelada en el tiempo. La política ha cambiado, ahora es mediática, muy personalizada y el captar la atención de la gente se vuelve vital. Dice la frase que Lenin hoy no fundaría un partido sino un canal de televisión, pero en la izquierda seguimos como si nada, jugando ajedrez en un tablero de damas chinas, haciendo las cosas para nosotros mismos sin darnos cuenta. Nuestras marchas suelen ser una procesión, nuestros pronunciamientos son un castigo, nuestros locales son una cárcel, nuestras webs son un maltrato. Nos gusta el ornamento teórico cuando a la gente no le interesa: todos quieren ser Sinesio López pero nadie busca ser La Seño María. “Ni calco ni copia” debe ser la frase más calcada y copiada de la década. Tenemos el sentido del humor de un camello y la agilidad de un camote. El aburrimiento parece nuestro dirigente y la imaginación nuestro enemigo, cuando debería ser al revés. La gente busca algo entretenido y la izquierda les mete un ladrillazo. Mariátegui lloraría contra su rincón rojo, solito, triste, sonándose los mocos con Amauta de pura frustración.
[Pasado] Ollanta, el amor y el desengaño, 2006-2011: es un nuevo año, empecemos hablando a calzón quitado. Humala es desconfiado hasta la paranoia y pragmático hasta la deslealtad. Los debates le repelen y prefiere siempre mandar a escuchar. Su cúpula partidaria nunca fue un contrapeso efectivo y ahora en el gobierno poco es lo que ha cambiado.
La mayoría de la izquierda apostó en distintos tiempos por él como alternativa de gobierno. El dilema era el mismo: un proyecto propio o ir tras un caudillo. La diferencia con los casos anteriores es que su programa se ubicaba claramente a la izquierda y tenía arrastre popular. La apuesta tuvo en algunos casos ribetes de enamoramiento. Los argumentos de algunos intelectuales son una muestra. La “férrea voluntad de cambio” de ellos empataba con un proyecto que cumpliría “la agenda de la transición”: romper “la continuidad neoliberal” y “refundar la política a través de una asamblea constituyente”. Si alguien decía que Humala era autoritario, lo mandaban a leer “el programa del 2006”. La insurgencia del pueblo, el poder constituyente, era Humala con pedigree teórico. En tanto, quienes apostaban por un camino propio eran tachados de antiunitarios, de no querer el cambio, de perder de vista el poder. Marco Arana era un pecador, había caído en la tentación, lo llamaban Judas, no entendía que Humala también quería hacerle el pare a Yanacocha. Era un iluso.
Humala ganó, pero con un plan y una estrategia distintos a los de sus aliados menores. Rápidamente los desembarcó, no llegaron ni a la primera canasta navideña. Antes de cambiar el país, Humala cambió de acompañantes. Pero era previsible: tanto los individuos (Ciudadanos por el Cambio) como las alianzas (Partido Socialista y PC) jugaron una apuesta de altísimo riesgo. Montaron un potro salvaje a sabiendas de que este no reconocía jinete. Ahora en el piso, en vez de maldecir al corcel, es más provechoso reflexionar sobre la temeridad asumida.
Mañana. ¿Generación de recambio?: veinte años con la misma estrategia, los mismos resultados y casi los mismos actores. Lo último es por un “hoyo negro”: no hay figuras públicas de izquierda entre 35 y 45 años. Es una generación que se perdió, vio la izquierda derrumbarse con sus esperanzas y dejó la política partidaria por otras opciones. La generación de recambio aún no existe, ¿estará en formación? Queda ver si cumplirá un nuevo rol o perderá otra oportunidad.
Quizá estamos ante el fin de una etapa: la de una izquierda sin casa propia. Para ello habría que crear esa oferta política ausente, aunque puede optarse también por seguir arrancando migajas al caudillo. Lo primero implica mirar a largo plazo y persistir, en vez de desechar la estrategia al primer fracaso como ya ha sucedido tantas veces. A fin de cuentas, un ganador es un perdedor que no se rindió.
Hoy: la izquierda en el Perú es más un sentimiento que una opción política. Como el Deportivo Municipal, tiene hinchas pero carece de equipo y estadio, y vive del recuerdo de sus épocas doradas.
En la práctica es una suma de individuos y pequeñas organizaciones que no llegan a ser partidos.
Tiene cercanía a redes de técnicos y operadores políticos, pero no le pertenecen. No tiene un proyecto conjunto y tampoco un liderazgo atractivo.
[Pasado] La apuesta propia, 1980-1992: alguna vez tentó el gobierno con fuerzas propias. Izquierda Unida es el claro referente de la década de los ochenta. El proyecto más logrado y exitoso hasta la fecha, pero fallido. En enero de 1989 Alfonso Barrantes lideraba los sondeos para las elecciones presidenciales, pero en diciembre de 1990 de la izquierda legal quedaba solo ruinas y cenizas. Varios factores, un solo resultado: el desplome total. Fujimori dio la estocada con un autogolpe que canceló el orden democrático y la Constitución que la izquierda no firmó. La reacción ciudadana varió entre la indiferencia y la aprobación. La izquierda no tenía cómo responder. Había perdido a la gente.
[Presente] Las élites o qué difícil es ser gobierno: Fuerza Social tentó un perfil propio y ganó la Municipalidad de Lima sin esperarlo, casi de casualidad. Tuvo en frente una tarea para la cual no estaban preparados: gobernar. Sin estructura partidaria y compuesto por tecnócratas profesionales con un manejo político amateur, la gestión de FS deja un tortuoso aprendizaje, muchas lecciones y un nuevo slogan: la realidad venció a la esperanza.
En el gobierno central el viejo saurio volvió del retiro, pero mal. Fuera de forma por estar lejos del Estado mucho tiempo, adocenados entre aulas y ONGs, se encontraron con que el monstruo era más difícil de lo que creyeron. Sus reflejos políticos fueron deficientes: no coordinaban entre sí, se torpedeaban, no asumieron de lleno su papel de funcionarios públicos y terminaron siendo más un estorbo que un activo para el Presidente. Ni siquiera pudo lograrse un aprendizaje efectivo. Su tono levantisco al salir del gobierno abonó en la imagen de una izquierda desleal que se sube a proyectos ajenos, del cual se va tirando la puerta cuando no le sirve.
En perspectiva, las élites de izquierda no han logrado de manera satisfactoria ni generar una oferta atractiva ni tener un buen desempeño al interior del gobierno. Sus principales caras son las mismas de Izquierda Unida, solo que sin partidos, sin bases sociales, sin técnicos, sin mujeres, sin millones, sin Cadillac.
[Pasado] Una izquierda sin proyecto, 1992 - 2006: tras el diluvio y el retiro general quedaron algunos núcleos. La dispersión y debilidad trajo como tarea la subsistencia. Los otrora intelectuales orgánicos se habían convertido en simples vegetales: tiempos duros los noventa. Mientras tanto, la variopinta oposición a Fujimori logró unirse, y la izquierda se enfrentó en 1994 a un dilema que la acompañaría casi dos décadas: ser socios menores de alianzas más grandes o tentar un camino propio con una identidad definida. Difuminar las propuestas y dejar el timón a cambio de llegar a la primera fila de la política nacional, o mantener un perfil definido a costa de seguir en la marginalidad.
La primera opción hizo que del realismo se pase a la desidia. Construir una fuerza política no fue la prioridad de muchas figuras públicas que participaron en los gobiernos de Paniagua y Toledo. Su solvencia profesional les bastaba para ser requeridos. En cambio, quienes intentaron generar un perfil propio tuvieron trágico final el 2006. Animados en exceso por el giro a la izquierda de América Latina, se suicidaron por separado dos candidaturas que pretendían mostrarse como “renovadoras” (Partido Socialista y Fuerza Social) y otra que iba en piloto automático al abismo (MNI). El descontento lo capitalizó Humala, mientras la izquierda lo acusaba de “robarle el programa”.
[Presente] Inercia. La izquierda tiene algo de Walt Disney: está congelada en el tiempo. La política ha cambiado, ahora es mediática, muy personalizada y el captar la atención de la gente se vuelve vital. Dice la frase que Lenin hoy no fundaría un partido sino un canal de televisión, pero en la izquierda seguimos como si nada, jugando ajedrez en un tablero de damas chinas, haciendo las cosas para nosotros mismos sin darnos cuenta. Nuestras marchas suelen ser una procesión, nuestros pronunciamientos son un castigo, nuestros locales son una cárcel, nuestras webs son un maltrato. Nos gusta el ornamento teórico cuando a la gente no le interesa: todos quieren ser Sinesio López pero nadie busca ser La Seño María. “Ni calco ni copia” debe ser la frase más calcada y copiada de la década. Tenemos el sentido del humor de un camello y la agilidad de un camote. El aburrimiento parece nuestro dirigente y la imaginación nuestro enemigo, cuando debería ser al revés. La gente busca algo entretenido y la izquierda les mete un ladrillazo. Mariátegui lloraría contra su rincón rojo, solito, triste, sonándose los mocos con Amauta de pura frustración.
[Pasado] Ollanta, el amor y el desengaño, 2006-2011: es un nuevo año, empecemos hablando a calzón quitado. Humala es desconfiado hasta la paranoia y pragmático hasta la deslealtad. Los debates le repelen y prefiere siempre mandar a escuchar. Su cúpula partidaria nunca fue un contrapeso efectivo y ahora en el gobierno poco es lo que ha cambiado.
La mayoría de la izquierda apostó en distintos tiempos por él como alternativa de gobierno. El dilema era el mismo: un proyecto propio o ir tras un caudillo. La diferencia con los casos anteriores es que su programa se ubicaba claramente a la izquierda y tenía arrastre popular. La apuesta tuvo en algunos casos ribetes de enamoramiento. Los argumentos de algunos intelectuales son una muestra. La “férrea voluntad de cambio” de ellos empataba con un proyecto que cumpliría “la agenda de la transición”: romper “la continuidad neoliberal” y “refundar la política a través de una asamblea constituyente”. Si alguien decía que Humala era autoritario, lo mandaban a leer “el programa del 2006”. La insurgencia del pueblo, el poder constituyente, era Humala con pedigree teórico. En tanto, quienes apostaban por un camino propio eran tachados de antiunitarios, de no querer el cambio, de perder de vista el poder. Marco Arana era un pecador, había caído en la tentación, lo llamaban Judas, no entendía que Humala también quería hacerle el pare a Yanacocha. Era un iluso.
Humala ganó, pero con un plan y una estrategia distintos a los de sus aliados menores. Rápidamente los desembarcó, no llegaron ni a la primera canasta navideña. Antes de cambiar el país, Humala cambió de acompañantes. Pero era previsible: tanto los individuos (Ciudadanos por el Cambio) como las alianzas (Partido Socialista y PC) jugaron una apuesta de altísimo riesgo. Montaron un potro salvaje a sabiendas de que este no reconocía jinete. Ahora en el piso, en vez de maldecir al corcel, es más provechoso reflexionar sobre la temeridad asumida.
Mañana. ¿Generación de recambio?: veinte años con la misma estrategia, los mismos resultados y casi los mismos actores. Lo último es por un “hoyo negro”: no hay figuras públicas de izquierda entre 35 y 45 años. Es una generación que se perdió, vio la izquierda derrumbarse con sus esperanzas y dejó la política partidaria por otras opciones. La generación de recambio aún no existe, ¿estará en formación? Queda ver si cumplirá un nuevo rol o perderá otra oportunidad.
Quizá estamos ante el fin de una etapa: la de una izquierda sin casa propia. Para ello habría que crear esa oferta política ausente, aunque puede optarse también por seguir arrancando migajas al caudillo. Lo primero implica mirar a largo plazo y persistir, en vez de desechar la estrategia al primer fracaso como ya ha sucedido tantas veces. A fin de cuentas, un ganador es un perdedor que no se rindió.
