Por: Juan Carlos Callacondo Velarde
Comunicador Social y docente
universitario
El primero de mayo está
dedicado para connotar el día del trabajador. Todos los días salimos a trabajar
diariamente como parte de nuestra rutina personal, no solo por dinero sino como
parte de nuestra salud personal y emocional. ¿Que sería sino no tuviéramos un
trabajo que sustente nuestras economías,
nuestra socialización, nuestro bienestar
de salud? No me imagino, sin embargo, algunos sectores sociales son los más
vulnerados con este derecho que no consiguen con facilidad un empleo digno y
humano. En especial los jóvenes y los adultos mayores.
Al estado y los gobiernos le
pedimos permanentemente que nos generen oportunidades de empleo digno. En la
actualidad, el desempleo figura como uno de los principales problemas que
afrontamos. En una sociedad como el nuestro donde la economía esta desacelerado
los más afectados son los jóvenes y los adultos mayores. Según algunas estadísticas expresan que existe “más de un millón de
jóvenes peruanos de entre 18 a 25 años en condiciones de trabajar son
desempleados, como estimó la Organización Internacional del Trabajo (OIT)”
No solo existe desempleo
sino sub empleo, las condiciones en las que trabajan los jóvenes son muy
diversas y precarios, las cifras también dicen “de que seis de cada diez
jóvenes que consiguen un empleo en lo hacen en la informalidad, en condiciones
laborales precarias, con bajos ingresos y sin cobertura ni derechos” muchos de
estos jóvenes desempeñan trabajos familiares no remunerados o trabajos
precarios que no aportan significativamente a su desarrollo ni a la formación de una ciudadanía. Que aquí
en el Perú le llamamos tener el derecho
de pagar el piso.
Por otro lado, como una
respuesta al desempleo, los jóvenes intentan emprender negocios propios, pero
sin un estudio de las necesidades y oportunidades del mercado local, que debe
ser respaldado por políticas juveniles
de inserción al mercado, dichos negocios terminan fracasando al poco
tiempo. Sin duda existe mucho abandono de los aparatos del estado por empezar a
pensar en la necesidad de un empleo digno y humano desde la formación desde el
colegio y luego asegurar que la primera experiencia de trabajo sea el más
adecuado y el más digno.
Recordemos que los jóvenes ya
se movilizaron para rechazar la ley pulpin, sin embargo los seguimos
postergando, excluyendo para que puedan acceder a un trabajo que por derecho
debemos de garantizarlos.

