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sábado, 28 de julio de 2012

PATRIOTISMO O CIVISMO


Juan Carlos Callacondo Velarde

Estamos en fiestas patrias y necesitamos reflexionar sobre muchas cosas que pasa en el país. Cuando uno cumple años, siempre es una buena ocasión para mirarse en el espejo para observarnos cómo nos vemos, cuanto crecimos. El Perú del 2012 es una sociedad completa, compleja, acomplejada y diferente, muchos dicen que vamos por buen camino con un crecimiento económico sostenido que mejore la calidad de vida. Otros afirman, que cada día estamos peor, hay  más pobreza, corrupción, violencia, contaminación, menos seguridad. Ambas realidades pinta por estratos al Perú diverso y milenario.
En este Perú de pobres o ricos, de blancos, cholos, negros, indígenas, amazónicos todos sentimos, evocamos y le hacemos discursos y remembranza pletóricos al patriotismo o civismo que  hinchas nuestros pechos cada 28 julio. No sé, si el sentimiento que nos abigarra, nutre y nos jalonea por ser peruano sea producto de las lecciones de civismo, patriotismo o nacionalismo, pero vivimos, alardeamos, festejamos, marchamos, comemos y nos tomamos un feriado para mirar el desfile militar y escuchar el discurso presidencial para decirnos  ser peruano. 
Antes  que  patriotismo necesitamos tener más civismo, tener  civismo es estar conscientes de nuestros comportamientos sociales que nos permiten convivir en colectividad, en la diversidad, en la heterogeneidad, en la multiculturalidad, en la calle, en el mercado. Civismo es el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los objetos públicos; buena educación, sensibilidad, urbanidad, la cortesía. Eso lo que menos se infunde en la escuela y las familias.
El patriotismo es la sensación que más aliéntanos, alienamos y nos alimenta los medios comerciales, el patriotismo vincula al hombre con su patria. Es el sentimiento ensalzado  que tenemos los peruanos por nuestra tierra natal que el mismo revive encabritadamente cada 28 ligado a nuestros valores, cultura, historia y afectos del pasado. El patriotismo es el equivalente colectivo al orgullo que siente una persona por pertenecer a una familia o también a una  gran nación o las naciones que nos cubre de norte a sur, del océano a la amazonia y el titicaca.
Idealmente, ambos valores deberían están incluidos y embrincados  en lo que llamamos ciudadano peruano, pero nos falta mucho tener esta cultura cívica. Cada 28 de julio  esta cultura  cívica debe invadir nuestra mente, nuestra sangre, el oxígeno, las células y cada átomo ese sistema de valores, actitudes, conocimientos y habilidades que llevan a las personas a involucrarse de manera activa, informada y corresponsable en la construcción del bienestar colectivo.
La formación de la cultura cívica o del nuevo ciudadano peruano debe construirse  anidarse, formarse, fermentarse y revolucionarse  el ovulo de la familia y afinarse en la escuela y reafirmarse en la sociedad. Ese debe ser nuestro deseo en este cumpleaños de nuestra independencia nacional.

viernes, 6 de julio de 2012

YO SOY, UN MAESTRO


Juan Carlos Callacondo Velarde

Esta semana hemos recordado el día del maestro, esto nos permite hacer una reflexión sobre su rol, su trascendencia  y su impacto en la sociedad actual.  Ser  maestros significa tener una rol social activo, un fuerte compromiso social, porque su trabajo tiene una relación directa con la construcción de una sociedad más justa, humana y democrática. El maestro José Antonio Encinas expresaba El más alto cargo que un ciudadano puede desempeñar en una democracia es el de maestro de escuela  definitivamente, los maestros tienen en su manos la construcción y consolidación de los nuevos ciudadanos, ellos ayudan a descubrir vocaciones, ayudan a buscar sueños e ideales en todos sus educandos, forman a la gente del futuro y aparte de todo ello, sacrifican todo por proporcionar a sus estudiantes la más importante arma contra la ignorancia y la descomposición social. La educación.
Ser maestros en el Perú se ha convertido en una imagen de  doble dimensionalidad, por un lado todo aquello positivo y bonito que se repite en los festejos y ceremonias en las escuelas, los colegios y la misma población  y la otra aquella imagen negativa y desprestigiada que tiene la sociedad de los profesores. Sin embargo, a pesar de todo eso le confiamos el 99% de la formación de nuestros hijos e hijas. 
La profesión de docente se ha convertido en algo sumamente complejo, extremadamente tecnificada, que exige un gran esfuerzo tanto en preparación como en formación y que, sin embargo, no cuenta con un adecuado reconocimiento social. Es más, está asentada en la sociedad una cierta imagen negativa del docente (público sobre todo), pero también del hecho educativo en general. Esta imagen afecta, sin lugar a dudas, al propio proceso educativo que se materializa en problemas de convivencia, salud laboral, pérdida de autoridad. Esta situación debiera ser tomada más en serio por las autoridades educativas de cara a buscar soluciones mucho más efectivas y reales a favor de los maestros. Si a esto sumamos el desprestigio, en gran parte injustificado,  de la escuela pública tenemos una situación crítica del sector que los cambios políticos, las sucesivas reformas e incluso, los cambios de paradigmas educativos no le favorecen para que la gente pueda tener una imagen adecuada del rol docente.
Es muy propio de nuestra sociedad decir que todo va fatal y que la culpa la tiene el otro. Vivimos en un sistema de excusas que afecta también a la educación. Los padres echan la culpa a los profesores y los profesores a los padres; al final, ambos se ponen de acuerdo en que la responsabilidad es de la televisión y sobre todo, del gobierno. En definitiva, todos tendríamos que trabajar para transmitir una imagen del profesor más honesta, más realista y más ajustada a la realidad, evitando los  estereotipos tan perjudiciales para el sistema. Pero en esta labor todos deberíamos arrimar el hombro, empezando por el profesorado, dignificando nuestra profesión y luchando, con ganas, porque ese reconocimiento social que propugnamos sea real y en eso todos ganamos con maestros bien reconocidos y con una imagen real y positiva de ellos, nuestros hijos tendrán un buen referente de que los educa todos los días.
Ser maestro es una de las más nobles vocaciones, Las mentes de los estudiantes son su principal material, algo nada sencillo y que requiere una labor enorme y reconocimiento social por todos.