Juan Carlos Callacondo Velarde
Estamos
en fiestas patrias y necesitamos reflexionar sobre muchas cosas que pasa en el
país. Cuando uno cumple años, siempre es una buena ocasión para mirarse en el espejo
para observarnos cómo nos vemos, cuanto crecimos. El Perú del 2012 es una
sociedad completa, compleja, acomplejada y diferente, muchos dicen que vamos
por buen camino con un crecimiento económico sostenido que mejore la calidad de
vida. Otros afirman, que cada día estamos peor, hay más pobreza, corrupción, violencia,
contaminación, menos seguridad. Ambas realidades pinta por estratos al Perú
diverso y milenario.
En
este Perú de pobres o ricos, de blancos, cholos, negros, indígenas, amazónicos
todos sentimos, evocamos y le hacemos discursos y remembranza pletóricos al
patriotismo o civismo que hinchas
nuestros pechos cada 28 julio. No sé, si el sentimiento que nos abigarra, nutre
y nos jalonea por ser peruano sea producto de las lecciones de civismo,
patriotismo o nacionalismo, pero vivimos, alardeamos, festejamos, marchamos,
comemos y nos tomamos un feriado para mirar el desfile militar y escuchar el
discurso presidencial para decirnos ser
peruano.
Antes que patriotismo necesitamos tener más civismo,
tener civismo es estar conscientes de nuestros
comportamientos sociales que nos permiten convivir en colectividad, en la
diversidad, en la heterogeneidad, en la multiculturalidad, en la calle, en el
mercado. Civismo es el respeto hacia el prójimo, el entorno natural y los
objetos públicos; buena educación, sensibilidad, urbanidad, la cortesía. Eso lo
que menos se infunde en la escuela y las familias.
El
patriotismo es la sensación que más aliéntanos, alienamos y nos alimenta los
medios comerciales, el patriotismo vincula al hombre con su patria. Es el
sentimiento ensalzado que tenemos los
peruanos por nuestra tierra natal que el mismo revive encabritadamente cada 28 ligado
a nuestros valores, cultura, historia y afectos del pasado. El patriotismo es
el equivalente colectivo al orgullo que siente una persona por pertenecer a una
familia o también a una gran nación o
las naciones que nos cubre de norte a sur, del océano a la amazonia y el titicaca.
Idealmente,
ambos valores deberían están incluidos y embrincados en lo que llamamos ciudadano peruano, pero nos
falta mucho tener esta cultura cívica. Cada 28 de julio esta cultura
cívica debe invadir nuestra mente, nuestra sangre, el oxígeno, las
células y cada átomo ese sistema de valores, actitudes, conocimientos y
habilidades que llevan a las personas a involucrarse de manera activa,
informada y corresponsable en la construcción del bienestar colectivo.
La
formación de la cultura cívica o del nuevo ciudadano peruano debe
construirse anidarse, formarse,
fermentarse y revolucionarse el ovulo de
la familia y afinarse en la escuela y reafirmarse en la sociedad. Ese debe ser
nuestro deseo en este cumpleaños de nuestra independencia nacional.
