Dejó escritas obras de análisis
político, socioeconómico, de estrategia militar y un libro de parábolas
titulado "Cuentos revolucionarios".
Mucho antes había repartido a los
campesinos la tierra de sus haciendas que le correspondió recibir como
herencia, situadas en lo que es ahora la provincia de Julcán.
Gustaba de cantar y lo hacía con
voz alta, aguda y rijosa. Le complacía dar serenatas, pleno de pasión,
con el alma pendiente de un hilo, como si en ello se le fuera la vida.
Amaba las fiestas costumbristas,
era devoto del apóstol Santiago el Mayor y de su fiesta patronal a la
cual llegaba al frente de la Banda de Músicos de Julcán, que ingresaban
al pueblo entonando en sus clarinetes, trompetas y trombones La Marcha
del Apóstol luciendo sus uniformes azul claro bajo las avellanas que
reventaban en el cielo.
Defendía románticamente que la
andina y dulce Rita inmortalizada por César Vallejo en su poema "Idilio
muerto" fue su madre, Rita Uceda.
4.
Antes de incursionar en Mesa Pelada
viajó a despedirse de su pueblo natal al cual amó entrañablemente. Y lo
hizo acompañado de su comando de insurgentes compuesto de varios
jóvenes milicianos.
La víspera, antes de partir de
regreso y después de escuchar a sus subalternos ufanarse de haber hecho
algunas conquistas y besado a algunas muchachas, les habló durante
varias horas de la noche acerca de la pureza del beso y lo inmaculado
que debe ser el amor.
Se había casado no hacía mucho, era
padre de un niño de un año y seis meses y de otro hijo por nacer, que
resultó siendo niña y cuyo nombre es María Eugenia.
Antes de enfrentarse contra el
ejército del régimen oficial, quinientas mil veces superior en armas,
tropas y pertrechos, se despidió amorosamente de su esposa, de su hijo
Juan Ernesto en su cuna y de su hija palpitando aún en el vientre de su
madre.
¿Hay amor más grande y consagrado a
favor de un pueblo y de una sociedad que entregar por él la vida
dejando a seres sin padre que vele cotidianamente por ellos como también
a quien se elige como mujer?
5.
Hay hombres cuyo valor trasciende a
toda contingencia y constituyen ejemplos morales, culturales y
políticos para todos los seres humanos de la tierra, y eso es Luis de la
Puente Uceda.
Un hombre que rebasa cualquier
parcialidad y episodio, que todo hombre la tiene al pertenecer a una
familia, a una asociación, o a un grupo político, doctrinario o
ideológico.
Pero en este caso gestas como la
suya, legítima y necesaria por las circunstancias que la determinaron,
rompen sus límites de época y filiación alcanzando más bien la categoría
de ser hechos por hombres universales, tal como lo expresó Jean Paul
Sartre al decir:
"Tienen ustedes razón de creer
en Luis de la Puente Uceda
porque ese tipo de hombres
suelen cambiar la historia"
Pero así como valor universal hay
inmensa grandeza cotidiana al marchar abriendo un frente de guerra
dejando a una mujer joven y hermosa, a un hijo tierno y a otro hijo por
venir.
Hay grandeza en hacerlo todo ello por una razón social, colectiva, histórica y de solidaridad humana.
6.
Si bien Luis Felipe de la Puente
Uceda fue un político y un guerrillero rebasa ampliamente esa dimensión,
aunque en ningún otro terreno quizá necesitemos más paradigmas como en
el campo de la política, modelos de honestidad y buenos ejemplos de
sacrificio y limpidez, en un campo ahora tan contaminado de una zoología
humana rastrera, infame y procaz.
Al respecto, fueron estas sus
acciones y palabras: "Nuestra patria vive una profunda crisis de fe". Y
estas otras: "Hagamos de la política un apostolado y una pedagogía". De
allí que pese a que cayera acribillado su lucha es triunfante. Murió
para restituirnos la fe en que podemos ser consecuentes, íntegros y
valerosos. Fe para evitar que el pueblo desaliente creyendo que todo son
discursos, discusiones y viajes. Fe para evitar que el pueblo piense
que ya no hay coraje. Y él hizo de la política, en cada acto de su vida,
un apostolado, una moral y una pedagogía.
Otro significado trascendente de su
lucha es que redime y limpia el concepto de izquierda, de guerra de
liberación y de cambio de sistema, en un momento en que esos vocablos se
habían desprestigiado totalmente tornándose en retórica de cafetín y se
habían prostituido palabras como "revolución".
7.
El día anterior a su muerte
interceptaron a un enlace que había ido a traer y portaba medicamentos
urgentes para el ataque de asma que él padecía y ahora lo tenía
postrado.
Torturado este contacto dio
informes sobre el emplazamiento, el mismo que fue rodeado por una
compañía que portaba armas pesadas como helicópteros artillados.
Bombardearon los lugares en donde
se tenían almacenes de armas y alimentos. Los insurgentes se parapetaron
en un aserradero. A los hombres que estaban desperdigados en diferentes
posiciones entonces les ordena:
– Escapen. Salgan, váyanse.
E igual hizo con su comando, al decirles:
– Es más importante para la revolución que ustedes vivan a que estén muertos.
Quienes lo rodeaban y estaban con él se quedaron. Fue su respuesta escueta:
– Hemos decidido morir contigo.
Con el murieron entre otros Pablo
Escobar, Rubén Tupayachi, Edmundo Cusquen. Junto a él estaba Carlos
Valderrama, estudiante santiaguino que se inmoló a su lado.
8.
Sin embargo, Luis de la Puente Uceda vive ahora de múltiples formas:
En Cuba hay muchos hospitales, plazas y centros educativos que llevan su nombre.
Vive en el corazón del pueblo que
lo saluda, lo canta y guarda memoria imperecedera de él como si fuera un
mesías. Lo que sí es, es un héroe popular.
Vive en los partidos políticos socialistas y de inspiración libertaria que se forjaron a partir de él.
Vive incluso en el APRA, que desde
dentro, en la juventud de los militantes inconformes, entresacan su
nombre en sus noches de vigilia para repensar los principios tan
distorsionados y venidos a menos en esos vaivenes y avatares que ha dado
esa agrupación política.
Vive en los trazos de justicia social que se alcanzaron después de su inmolación.
Vive en la casa y en la chacra del
campesino que ahora es propietario, gracias a que él alzara e izara en
lo más alto la bandera de la Reforma Agraria en el Perú.
9.
Luis de la Puente Uceda es
representante del mundo agrario, de la devoción por la Pacha Mama. La
tierra fue su desvelo constante.
En nadie encontramos tan claro y tan prístino en su devoción por lo que fue la cultura andina y el Tahuantinsuyo.
En nadie encontraremos filiación
más auténtica por lo que es Santiago de Chuco y su religiosidad, su
folclore, su música y su comunidad.
Su desempeño no solo fue el de un guerrillero o el de un hombre de acción sino que es un hombre completo e íntegro.
Es un ideólogo con una claridad total en sus análisis, conceptos y doctrina de lo que había qué hacer.
Pero más aún, se trata de un
organizador de polentas, de un intelectual cabal, de un orador de fuste,
un maestro, un pedagogo y un guía espiritual.
De allí que ahora sea un hombre de leyenda, un mito, con aureola incluso de un ser venerable.
El recuerdo de Luis de la Puente es un huracán, un soplo de viento que cada día no cesa y se expande.
Y miremos también hacia el otro lado, al sistema contra el cual él se enfrenta con manos y conciencia límpidas.
Fue capturado, encostalado y luego ejecutado.
Al igual que a Túpac Amaru su
cabeza fue cercenada, haciéndola rodar por la tierra y al igual que al
cacique de Tungasuca se cercenaron sus miembros que fueron enterrados en
distintos parajes.
¿No se siente aquí acaso la entraña
malévola, salvaje y crapulosa del sistema? Pero su sangre derramada es
generosa y de alborada.
Por eso, ¡viva gloriosamente Luis
de la Puente Uceda!, porque nos da razones, motivos, fuerza e
inspiración acerca de por vivir y por qué luchar.
Porque su vida, como la vida de nuestros héroes es un ejemplo y una consigna; como su muerte es para los otros una afrenta.
12.
Hay muertos que son invencibles, que los jóvenes los encuentran cualquier día por los caminos y en ellos vuelven a encarnarse.
Hay muertos que avisan a los combatientes cuál es la hora de levantarse y de echarse a los caminos.
Hay muertos que estarán vivos
eternamente en las montañas y en el corazón del pueblo que los tiene
presente cuando se trata de erigir la dignidad y la patria soñada.
Caben en homenaje a él estos versos
de César Vallejo, a quien él amó, admiró y recitó en las noches de
Santiago de Chuco y por todos los caminos por donde él anduvo y sique
andando:
Ya va a venir el día, ponte el alma...
Ya va a venir el día, ponte el cuerpo.
Ya va a venir el día;
la mañana, la mar, el meteoro, van
en pos de tu cansancio, con banderas...
Ya va a venir el día, ponte el sol.