Juan Carlos Callacondo Velarde
Profesor y Comunicador Social
Tener
una identidad nos define quienes somos, que hacemos, que debemos hacer. El
varón y la mujer tiene una identidad definida por constitución biológica,
social y mental, esta diferencia marcada nos asigna roles y funciones bien
diferenciadas. Asumir funciones, roles de esta primera diferenciación nos
genera una identidad personal y si a ello agregamos nuestros pensamientos,
nuestros ideales, nuestros sueños, nuestras frustraciones o todo aquello con
que vivimos completaremos nuestra identidad como personas o ciudadanos. Cuando
nos preguntamos ¿quién soy yo? sólo puede entenderse acompañada por otras dos
preguntas más: ¿cuáles son mis relaciones con los otros?, y ¿cómo me sitúo en
el mundo? son preguntas centrales que permitirán ver cuál es nuestra identidad
como persona y como peruanos. Este reflejo del yo con los otros, y de los otros
conmigo es la forma como se produce la construcción de la identidad.
En función a dicha identidad generamos nuestra forma
de ser. A partir de esta
reflexionan me gustaría hacerme la pregunta ¿cuál es la identidad que tenemos
los peruanos hoy en el albur de la post modernidad? Sin duda es una pregunta
difícil de respondernos. El peruano como el chileno, el boliviano o el
argentino es una suma compleja de realidades y complejidades. Sin embargo el
más típico es el peruano por su heterogeneidad, sus formas de pensamientos y
actitudes. Sino como entender sus compleja cosmovisión e imaginario tan
intrincado. Esta semana no más hicimos sentir nuestra indignación y retroceder la repartija en congreso de la
república. Hace pocos años soportamos con
algunos niveles de aceptación y
tolerancia la dictadura cara dura de Fujimori que hasta el día de hoy tiene numeroso
caudal electoral que sueñan en volver a revivir ese estilo nefasto. Sino como
explicar el maltrato y el perdón de una elección inconsciente de Alan Gracia
que nos llevó hasta los niveles más deshumanos y de extrema pobreza donde literalmente
casi nos morimos de hambre y que aun siga con la posibilidad de volver al
trono, o cómo elegimos a Toledo que es campeón de la mentira y cinismo.
Hablar
de nuestra identidad nacional es hablar de una comunidad imaginada. De una
comunidad donde la palabra Perú es obra de la historia, de la criollada, de la
cultura del vivo y el pendejo o de una
historia donde hay grandes desencuentros y mentiras. Y no de un proyecto de
futuro donde estemos pensando habitar o de nuestra mirada de lo que somos.
Teóricamente
hay tres formas como construir una identidad la reproyectiva, la prospectiva y
la introyectiva. Cuando miramos y nos identificamos en el pasado, con ese
tiempo ido y fuertemente arraigado en que todo que somos, es una mirada
reproyectiva. El pasado tiene la ventaja de su existencia material, de sus
experiencias, de su conocimiento, como posibilidades de que podemos volver
hacer. En nuestra imagen está muy fuertemente
la experiencia incásica, la inspiración en buenos y malos héroes, en
nuestras tradiciones. Esto marca una identidad retroyectiva, y pensamos que el
pasado fue mejor, que hay volver a esos tiempo y de esos hay varios
trasnochados extremistas que desean ser nuevamente inkas o revivir los primeros
años de la república.
La
otra forma de construir es la proyectiva , pensar en el futuro soñar con ser
una sociedad que ser inserte en algún escenario del futuro, vivir y ganar lo
que futuro nos ofrece, esta forma de identidad nos permite proyectar nuestros
sueños, nuestras vidas. Seguro que muchas sociedades hoy viven y protagonizando
este tipo de futuro,
estas identidades trata de imaginar escenarios futuros posibles,
denominados futuribles, y en ocasiones de determinar su probabilidad, con el
fin último de planificar las acciones necesarias para evitar o acelerar su
ocurrencia. Sí hubieran
planificado con esta mirada la ciudad hoy no tendría el grave y crónico problema del transporte
público.
La
tercera es penetrar en nuestra forma de ser, en las personas y sacar de
nosotros su carácter introyectivo. Esto
nos da la posibilidad de creer en los que somos capaces de hacer los peruanos y
peruanas, de saber y reconocer nuestras potencialidades de que poseemos imaginación, creatividad, habilidad
para saber enfrentar la gran diversidad y multiculturalidad que tenemos a
nuestro alrededor. Reconocer que el peruano es por esencia un gran emprendedor
y luego decir esto es marca peruana de verdad, como quedo demostrado el gran
desafío de Gastón Acurio, que dio vuelo
internacional la gastronomía peruana.
El
sustantivo "Perú" encierra múltiples contenidos, múltiples
sentimientos. No importa como hayamos construido nuestra identidad peruana, nuestros sentimiento rojo y blanco siempre
será muy grande y por eso gritamos en
esta fiestas muy fuertemente ¡Viva el Perú carajo!

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