Laberintos de la política: la última elección regional en Puno
Mauricio Zavaleta Siri
En marzo del 2010 el diario Los Andes publicó una noticia insólita:
el Comité Provincial de Perú Posible en Puno anunciaba que no tenía
cuadros “destacables” para postular a las próximas elecciones regionales
a realizarse en octubre. Meses después el Comité decidió no postular
invitados, y realizó elecciones internas entre la militancia. En
consecuencia, Perú Posible –aunque renunciando a presentar una
candidatura regional - logró postular candidatos a 9 de las 13
provincias del departamento, pero con resultados deplorables, en muchos
casos quedando en último lugar. En las antípodas de Perú Posible,
RAICES, un movimiento regional inscrito en mayo del mismo año, se hizo
pocos meses después de su formación de 5 alcaldías provinciales de las
12 en a las que postuló, logró colocar 7 consejeros regionales y su
candidato a la presidencia regional ganó la primera vuelta, siendo la
agrupación política más exitosa en Puno desde el FRENATRACA. ¿Cómo son
posibles resultados tan dispares? ¿Por qué una agrupación recientemente
formada es más exitosa que un partido nacional que remontados a
noviembre del año pasado era uno de los candidatos más seguros a ganar
la presidencia?
La respuesta es acaso simple: mientras Perú Posible optó por elegir a
sus candidatos entre los pocos militantes que esporádicamente se reúnen
en el local partidario de Juliaca, RAICES fue creada con fines
electorales desde hacía seis meses atrás con el objetivo de ganar el
máximo número posible de cargos en disputa en las Elecciones Regionales y
Municipales. A finales del 2009, Mariano Portugal (ex alcalde de Puno),
se propuso construir un nuevo movimiento. Trabajó básicamente buscando
candidatos en provincias los cuales cumplieran dos requisitos
fundamentales: Primero, que fueran “destacables” en sus localidades y
segundo, que pudieran afrontar los gastos de la campaña. Les habría
dicho a los posibles candidatos (ex alcaldes, candidatos que quedaron en
segundo lugar la elección anterior) que estaba armando una opción
sólida para las elecciones venideras, con Juan Luque, rector de la UANCV
, como candidato a la presidencia. El reciente movimiento no otorgaría
recursos a los candidatos provinciales o distritales, pero la
candidatura de Luque les garantizaría arrastre de votos, aunada a la
garantía de realizar una fuerte campaña en toda la región, realizando
pintas y resaltando del símbolo del movimiento. Ese era el trato.
Con “el Rector” a la cabeza - y su serie de aliados locales – el
movimiento de Portugal apareció como una opción consistente en la
región. Si se tomaba una foto un día antes de la elección, RAICES
aparece en la imagen como un verdadero partido regional. La cosa cambia
si la foto se prolonga en una grabación y se dejan correr las imágenes:
luego de la elección – llegada la segunda vuelta - los candidatos
provinciales no siguieron apoyando al candidato presidencial y se
negaron a desperdiciar tiempo y dinero colaborando en una elección en
las que ellos ya no eran candidatos.
Las razones de la ruptura del movimiento son diversas, pero solo una
es la medular: el “contrato” entre los candidatos tenía fecha de
caducidad, era una coalición con el fin de ganar las elecciones en los
diferentes niveles donde participaban los asociados, ésta nunca se
planteó como un proyecto a largo plazo – ni gubernamental ni electoral -
por lo que pasada la segunda vuelta, los candidatos no tenían, ni mucho
menos querían tener, obligaciones entre ellos. “Los candidatos
ganadores fueron los primeros en romper relaciones con el movimiento, ya
habían ganado y nos les importó más la segunda vuelta, los que se
mantuvieron más neutrales fueron los perdedores, porque pensaban que
podían obtener algún tipo de cargo en el gobierno regional sí apoyaban
en la campaña”, me comenta Aldo Santos, analista político de SER. La
pregunta obvia es la siguiente: ¿Por qué firmar un contrato de
naturaleza tan limitada? ¿Por qué no se realizó una alianza pensando
también en el largo plazo que permita la sobrevivencia del movimiento?
Según mis entrevistados, esto se debe a dos razones fundamentales. En
primer lugar, a la rápida depreciación de los candidatos: en un
contexto político incierto y cambiante un candidato con un alto valor de
arrastre en la elección A puede perder gran parte (incluso la
totalidad) de su valor en la elección B. En segundo lugar, los políticos
disfrutan de su libertad de acción, y nadie quiere estar atado a
partidos si puede ganar elecciones aun sin estos. “Nadie quiere saber
nada con nadie luego de la elección, termina la campaña y cada uno por
su lado ¿para qué amarrarse?- se pregunta Miguel Valdivia, ex miembro
del PDR y del PUM - No sé si funcione mantener partidos, no creo. Creo
que los movimientos regionales son estructuras diluyentes, marcados por
intereses concretos, coyunturales.”
Estas dos razones explicarían el desbande de candidatos de RAICES y alta
volatilidad de los “cuadros” de los movimientos regionales. Sin
embargo, la pregunta de Valdivia abre nuevas preguntas: ¿Por qué no es
necesario “amarrarse”? ¿Qué mecanismos convierten a los partidos en
aparatos inútiles para los políticos?
***
Empecemos a responder estás preguntas con otra: ¿por qué Juan Luque,
rector de una universidad privada – sin mayor experiencia política que
una infructuosa candidatura a la municipalidad de Juliaca - podría
lograr una candidatura exitosa en una región tan basta como Puno? Según
los primeros entrevistados las obras de infraestructura que se
realizaron durante su gestión como rector en la sede principal de la
Universidad, a las afueras de Juliaca, fueron su “carta de presentación
ante el electorado” para disputar con relativo éxito la presidencia. La
respuesta no me satisfizo, me resultaba poco verosímil que tan solo
gracias a edificios universitarios se pudiese formar una candidatura
regional importante.
La respuesta vendría semanas después de las primeras entrevistas:
Luque era un candidato mayor gracias a los medios, especialmente la
radio. Explico: la UNACV funciona como una fundación, la cual es
controlada por una junta presidida por el rector de turno con la
facultad de manejar los recursos económicos de la institución. En parte,
estos recursos son utilizados para pagar a periodistas en Juliaca –
centro comercial y plaza electoral más grande de la región – Puno y
otras ciudades menores pero electoralmente importantes como Azángaro.
“Puedes ir tú mismo y ver a los periodistas haciendo cola esperando sus
pagos en la universidad” me comenta un entrevistado que pidió no ser
identificado. Los periodistas no solo cobran dinero por poner publicidad
de la universidad en sus medios – radio o televisión – sino por hablar
bien del Rector y ensalzar sus obras de infraestructura. “Luque se fue
haciendo una imagen pública gracias a estos periodistas, sobre todo en
San Román (Juliaca) y Azángaro”. Coincidentemente, las provincias de
donde obtuvo su más alta votación.
La prensa cumple un papel fundamental en la política regional.
Lamentablemente, en Juliaca no existen cifras reales de las emisoras de
radio y televisión: la mayoría son informales. Según los periodistas
entrevistados, los canales en la ciudad llegan a sobrepasar la veintena,
y las emisoras de radio podrían superar ampliamente esta cifra. En la
ciudad de Puno, existen 8 canales televisivos y un número similar de
emisoras de radio. Según Yiovanni Manrique, de Radio Onda Azul, durante
las campañas electorales las emisoras radiales aumentan en número y
alcance: “crece el número de emisoras y crece la potencia de la
emisoras, si estaban trabajando con 500 vatios, de un momento a otro,
para la campaña, ese trasmisor de 500 vatios se convierte en uno de un
kilovatio”.
Al igual que con la UNACV, los periodistas tiene una tarifa para los
candidatos, la cual depende de cuán sintonizado sea su espacio radial o
televisivo. La estrategia por parte de los periodistas es la misma:
“ocuparse” de un candidato y luego proponerle una tarifa por dejar de
hablar mal de su candidatura, y otra un poco más alta si es que desea
que difundan una imagen positiva del aspirante. Como me asegura uno de
los entrevistados, los periodistas pasan “de la diatriba al ditirambo”
de un día para el otro.
La prensa es esencial para hacer política en Puno. Sin numerosos
activistas capaces de comunicar el mensaje del candidato, los medios son
claves para la difusión de imágenes y discursos. “El 99 % de los
periodistas entran al juego – afirma René Calderón, director del diario
Los Andes - desde el más grande hasta el más pequeño” Incluso las radios
menores, que esencialmente trasmiten música y que Valdivia denomina
“emisoras marginales” son utilizadas para fortalecer candidaturas. Las
“emisoras marginales” son estaciones en frecuencia modulada (FM), que
cotidianamente se dedican a trasmitir música, pero que en los periodos
electorales alquilan espacio a candidatos locales, o se negocia
directamente con los locutores para que promocionen una candidatura.
Isaac Apérrigue, periodista de Juliaca, coincide con Valdivia:
“Generalmente trasmiten pura música: folklore, pop, etc. Pero en periodo
electoral el locutor habla de la campaña: les dice a los oyentes por
quién votar.”
La captación de periodistas es una estrategia importante para lograr
candidaturas exitosas, como en el caso de Luque. Sin ser periodista o
tener un medio en propiedad, pudo proyectar una buena gestión como
rector contratando periodistas, lo que lo hizo un candidato atractivo.
Los edificios sirvieron, en efecto, pero solo como soporte verídico de
las entusiastas declaraciones de los periodistas contratados.
Naturalmente, existen otros tipos de estrategia de utilizar los medios.
Es elocuente lo que me comenta uno de los jefes de campaña de AQUÍ,
cuando le pregunto sobre cómo planean mantener la vigencia del
movimiento: “Estamos trabajando en eso, ¡pronto estaremos lanzando
Diario Pachamama y Pachamama TV!”.
El candidato periodista es acaso una de las formas más exitosa de
realizar política en la región. A diferencia de los candidatos que
compran periodistas, los candidatos periodistas tienen la facultad de
utilizar sus propios espacios para hacer conocida su voz. Aunque la
radio como instrumento electoral se remonta a los ochenta, cuando Jaime
Ardiles, periodista radial, se hizo de la alcaldía de Puno como
candidato de IU, este tipo de político proliferó vertiginosamente
durante los años noventa. El candidato-locutor mantiene vigencia: “si
quieres ser candidato, no fundes un partido, abre una radio”, me dice
con sorna uno de mis entrevistados.
Hernán Fuentes, presidente regional durante el periodo anterior, es
uno de los ejemplos más representativos de este tipo de político. El
1999 Fuentes fundó la radio Mi Perú, comenzando lo que Max Lanza
considera “una campaña permanente”. Durante 4 años, a través de su
emisora que cubría las provincias del norte del departamento, Fuentes,
un desconocido para la mayoría de la población, difundió un mensaje
radical en contra del gobierno central y las instituciones políticas,
atacó al gobierno regional y se vinculó con el discurso anti-sistema de
Antauro Humala. “Aquí nadie lo conocía”, me comenta mi casera en Puno
mientras tomamos café, “nos enteramos de su existencia solo cuando ganó
las elecciones”. Es cierto: Fuentes ganó con apenas 19% de los votos, la
gran mayoría prevenientes de Juliaca y Azángaro, las plazas electorales
más importantes del norte del departamento. Radio “Mi Perú” no cubría
Puno ciudad.
Similar es el caso de Rodríguez, el actual presidente. Locutor radial
desde hace más de dos décadas, comenzó su carrera en Onda Azul,
propiedad de la diócesis de Puno y única radio con alcance regional
hasta hace pocos años atrás. El 2003, por diferencias con el nuevo
Obispo, Rodríguez renunció a la estación eclesial y con ayuda de una
fundación alemana consiguió el financiamiento para crear Radio
Pachamama, la cual desplazó a Onda Azul como la radio de mayor alcance y
sintonía en la región. El 2006 Rodríguez intentó sin éxito postular a
la PR: la lista que promocionaba su candidatura fue tachada íntegramente
por el JNE por un asunto menor. Cuatro años más tarde logró entrar a la
segunda vuelta con apenas el 15% de los votos y ganarla.
Existe una tercera forma de utilizar los medios como herramientas
electorales: el broadcasting. Aunque Rodríguez y Fuentes también
entrarían dentro de esta categoría al ser dueños de sus propios medios,
existen candidatos que sin ser locutores o presentadores televisivos
utilizan medios de su propiedad para hacer política. Mario Huanca,
actual alcalde de Ilave, es propietario de la Radio Armonía, popular en
la provincia por abrir sus micrófonos a la demanda de la población.
Huanca, según Martín Mamani - corresponsal de Los Andes en la provincia -
logró conseguir votos de muchas comunidades gracias al servicio
gratuito de la radio, donde los comuneros hacían reclamos y
convocatorias. “Generalmente trasmite música, pero los tenientes sabían
que tenían la posibilidad de comunicar o hacer reclamos por intermedio
de la radio de Huanca” Otro ejemplo de broadcasting es el del propio
Portugal, el impulsor de RAICES. Al igual que Huanca, en el segundo piso
de su domicilio se encuentra la emisora que administra: Radio Samoa. No
solo administra una radio, también una televisora en Puno, y otra en
Juliaca. Desde sus medios, de mediana audiencia, busca los favores de
los electores.
No obstante, los medios, o la radio en particular, son mecanismos
insuficientes para ganar en las urnas. Si bien dos de los tres
presidentes regionales han sido periodistas – específicamente locutores
radiales – creo importante resaltar un factor: ninguno logró superar el
20% de los votos, la cual sería una suerte de confirmación de lo dicho
por casi la totalidad de mis entrevistados: la radio no es suficiente.
“(La radio) hace una base de marketing político, deja un nombre, hace un
nombre conocido, hace una persona conocida y sobre esa persona se
empieza a trabajar en la campaña, es mucho más fácil que empezar de
cero, pero no te hace ganador, de ninguna manera” me comenta Hugo Supo,
presentador televisivo y locutor de Radio Pachamama. Para Erik Sulca ,
operador político de AQUÍ, la radio constituye una suerte de “carta de
presentación” pero advierte que “con radio o televisión, pero sin algún
tipo de estructura, no haces nada.” ¿Es necesario contar con una
organización que complemente el capital político ganado gracias a la
radio?
***
RAICES es uno de los mejores ejemplos de una de las formas más exitosas
de realizar política subnacional: la coalición de políticos regionales y
locales. En los años noventa los políticos locales estaban diseminados
en islas de independientes locales, pero a partir de la creación de
gobiernos regionales optaron por renunciar - al menos en forma - a su
independencia. Según mis entrevistados, existen tres razones principales
que explican este comportamiento. Primero, el arrastre existente entre
los candidatos locales y regionales genera una especie de relación
simbiótica: el candidato presidencial aporta a los candidatos locales
una figura regional mientras que los locales aportan a los
presidenciales un rostro en sus respectivas localidades. Jorge Núñez,
personero legal de RAICES ilustra el cálculo de la siguiente manera:
(Los candidatos locales) ven quién va a la cabeza, quién jala el coche.
También se evalúa quiénes son los otros candidatos (provinciales)”.
Segundo, las alianzas entre políticos permiten compartir gastos de la
campaña, minimizando sus costos. A diferencia de los candidatos al
congreso, los candidatos locales no realizan una “contribución” al
partido, ni el partido (o el candidato regional) otorgan recursos a los
candidatos. El contrato es meramente político y el compartir gastos no
es en realidad repartirse los costos de la campaña, sino más bien una
forma de maximizar la publicidad. Según Apérrigue, la lógica de los
candidatos podía ser ejemplificada así:” Lo que evalúan los candidatos
locales es cuál personalidad (candidato al GR) puede garantizar una
campaña potente en términos económicos. A la inversa piensan los
candidatos regionales: quién puede invertir más en la campaña local”. Un
tercer incentivo para la agregación es la facultad que tienen tanto los
MR y los PP – a diferencia de las listas locales – de utilizar un
símbolo. “Con un símbolo la campaña es más fácil de hacer: marca la
espiga, marca la guagüita, marca el pututo, eso se queda en la mente, un
número es más difícil de recordar”, me comenta Luis Ronquillo, jefe de
campaña de AQUÍ, coincidiendo con otros de mis entrevistados.
Como es lógico, para evaluar las razones o lo incentivos de las
alianzas entre políticos no basta fijarnos en casos exitosos, como
RAICES. AQUI, el movimiento ganador de la segunda vuelta, presentó
candidatos a la mayor parte de las alcaldías provinciales pero logró
ganar solo una y consiguió el escaso número de dos consejeros. La
explicación radica en que a diferencia de RAICES, el impulsor del
movimiento y candidato presidencial, Mauricio Rodríguez, no se preocupó
en buscar los mejores candidatos locales, ya que como soporte principal
contaba con Radio Pachamama y una serie de ex activistas de la Iglesia
Sur Andina. A diferencia de los impulsores de RAICES, no necesitaba una
coalición de políticos muy poderosa, tan solo candidatos que promoviesen
la campaña en sus respectivas provincias. AQUÍ contaba con un objetivo
único: ganar la presidencia regional, mientras RAICES mantenía objetivos
múltiples, ya que buscaba - o al menos su impulsor principal - ganar
cuanto espacio político fuese posible.
Portugal contaba con un plan meticuloso. Conseguir posicionar el
movimiento durante esta elección, hacerse de la alcaldía de Puno y ser
candidato a la presidencia regional en la siguiente. He ahí la intención
principal de crear RAICES. Un plan similar al de Luis Butrón, alcalde
reelecto de Puno: Butrón ganó la elección el 2006 como candidato de un
partido político, Restauración Nacional (RN). Según Juan Monzón, hombre
de confianza del alcalde y gerente de la Municipalidad de Puno, la
decisión de postular con un partido nacional el 2006 fue una solución de
emergencia ya que no lograron inscribir un movimiento regional:
“tuvimos que pagar una cuota para postular con RN, el Alcalde (Butrón)
nunca fue militante”. Al poco tiempo de la elección las relaciones se
rompieron.
“¿Por qué no convertirse en militante y ser el hombre fuerte del
partido en la región?” – le pregunto. Monzón me cuenta que apenas
ganadas las elecciones la dirigencia nacional de RN invitó a Butrón a
Lima. En la reunión, luego de felicitarlo, Humberto Lay le planteó
directamente el tema de las gerencias municipales: “Queremos que pongas a
cierto militantes del partido como gerentes” - le habría dicho a
Butrón, que se negó tajantemente. “Ahí se cortó cualquier relación con
ese partido.” - afirma.
Según la mayoría de mis entrevistados, los políticos prefieren
apartarse de los partidos nacionales porque “el partido siempre te va a
pedir algo.” La exigencias de los partidos – que tan solo pueden brindar
la inscripción, y en algunos pocos casos una austera militancia - es
postelectoral. Si el candidato gana, los líderes del partido buscaran
introducir a personas de confianza en las gerencias municipales o
regionales. Algo similar sucedió con Fuentes el 2006. Llegado a la
presidencia, Pedro Cenas, presidente de Avanza País (el partido del que
fue candidato) junto a sus partidarios intentaron designar las gerencias
y direcciones regionales. El presidente no aceptó y Avanza País expulsó
a Fuentes del partido cuando este ya preparaba la creación de un
movimiento regional junto a su hermano Isauro. Al igual que Fuentes, el
alcalde Butrón insistió en la creación de un partido propio para
participar en las siguientes elecciones. Rechazó las ofertas tanto de
movimientos regionales y partidos políticos de cara a la elección del
2010. “Nosotros tenemos nuestras ambiciones – me cuenta Monzón – era
necesario inscribir el FADEP con el fin de foguear el símbolo en la
región, de cara a los próximos comicios. Hemos perdido la inscripción
luego de estas elecciones, pero buscaremos las firmas nuevamente.”
Butrón y el FADEP ilustran otra regla no escrita de la política
regional: No pueden existir dos líderes regionales en un solo partido.
Los políticos locales estarán dispuestos a formar parte de las
coaliciones siempre y cuando sus ambiciones – o posibilidades - estén
circunscritas a su provincia o distrito. En el momento en el que el
candidato cree ser una opción regional, lo más probable es que busque
articular un propio movimiento regional o, menos común, hacerse de una
etiqueta nacional. Reacios a las ataduras, estiman necesario crear una
imagen independiente de otros liderazgos, asociada a una etiqueta propia
y a un símbolo reconocible; y la forma de hacerlo es creando un nuevo
movimiento.
***
¿Cuáles son las estructuras a las que se refiere Sulca cuando afirma
que el uso de los medios no es suficiente para ganar una elección? ¿Qué
son o quienes conforman estas estructuras? ¿Existen organización
política articulada debajo de los movimientos regionales?
La respuesta a la última pregunta es que no existe una organización
previamente articulada. Por otra parte, organizaciones sociales se
mantienen al margen de los partidos y no se involucran de forma directa
en ninguno de ellos. “Para la mayoría de personas la organización social
y política no van, son como el agua y el aceite.” – afirma Max Lanza –
“Si un dirigente se involucra en un partido o un movimiento se quema, la
gente dice: para eso quería ser dirigente. Se castiga la ambición
política” Según parece, los dirigentes no tienen la capacidad para
incidir en sus organizaciones con el fin de conseguir el apoyo hacia un
candidato específico, es considerado como un signo de corrupción, de que
se ha vendido. El propio Lanza tiene una hipótesis de por qué ocurre
este fenómeno: durante la los años noventa, sobre todo al inicio de la
década, los dirigentes sociales – mayoritariamente ligados a partidos de
izquierda - fueron captados por el gobierno de Fujimori. El fujimorismo
necesitaba cuadros que conocieran la situación política de la región, y
la forma de conseguirlos fue comprando dirigentes o cuadros de
izquierda, con lo que se lograba un doble efecto: “se destruía la
organización mientras jalaban a sus cuadros.” Esa dinámica habría
mermado la confianza de las bases en sus dirigentes, viendo con sospecha
cualquier acercamiento de un dirigente a la política.
La totalidad de mis entrevistados coincide con estas apreciaciones.
“Captar a un dirigente no sirve de nada, el candidato tiene que hablar
directamente con las bases” me dice Hernán Cornejo, ex funcionario de la
CTAR, “ahí entra el trabajo del operador político, como una especie de
bisagra entre los comités de base y el candidato.”
Los operadores políticos (OP) a los que se refiere Cornejo son bróker
con experiencia en realizar trabajo electoral, los cuales son captados –
o los cuales captan – candidatos y les brindan su apoyo durante la
campaña. Los encargados de realizar el enlace entre candidato y comités
de base son un tipo de operador que podríamos llamar “marginal” pues
sirven como nexo entre algún comité y el candidato. Los operadores
políticos marginales (OPM) establecen el contacto con dirigentes
menores, para organizar una sesión donde pueda asistir el candidato
promocionado. Las campañas son muy candidato-céntricas, por lo tanto el
trabajo de los operadores marginales con comités de organizaciones
sociales es un trabajo de coordinación, pero son incapaces de garantizar
la adición del comité al partido del candidato o el apoyo de sus
miembros.
Por el contrario, los OPM sí son capaces de movilizar un grupo
reducido de personas que realizan labores de “activismo” durante la
campaña. El operador, y su grupo de colaboradores, son los encargados de
realizar labores logísticas, como la pintas, pero sobre todo son los
encargados de movilizar personas a los mítines o apariciones públicas de
los candidatos. Para lograr la movilización, los operadores prometen la
posibilidad de algún trabajo eventual en alguna obra del gobierno en
disputa, en retribución al apoyo en campaña. Es difícil saber a quiénes
contactan específicamente los operadores o cómo lo hacen. Según Erik
Sulca, operador en varias campañas electorales, es un círculo de
“conocidos”, a los cuales recure. Para Lanza, son las propias personas
las que recurren a los OPM con el fin de brindar apoyo a cambio de algún
tipo de trabajo en obras públicas.
Erik Sulca es ejemplo de este tipo de operador. Sociólogo egresado de
la Universidad Nacional del Altiplano (UNA), fue representante
estudiantil en varias ocasiones. Concluidos sus estudios, se involucró
al igual que otros ex representantes estudiantiles en algunas campañas.
El 2006 apoyó la candidatura de David Mamani (electo alcalde de
Juliaca), Margarita Sucari (electa congresista) y el 2010, la de
Rodríguez. Me encuentro con Sulca en un mercado de Puno, es un tipo
joven, de mediana estatura y vestido con un terno desgastado. Mientras
le cuento el tenor de la entrevista vamos caminando por una de las
calles laterales del mercado. No termino de hablar cuando nos
encontramos con tres hombres en un puesto de refrescos que lo saludan y
nos invitan a tomar un vaso. Mientras se exprimen los maracuyás, los
hombres le preguntan si va a haber algún trabajo disponible. Sulca les
responde que aún no se ha reunido con nadie, que tiene pendiente ir a
hablar con los del gobierno regional. Que los tengan al tanto si sale
una obra, le piden, y él se los promete. Los tres son trabajadores de un
proyecto del gobierno regional anterior en un distrito. “Un puente”, me
cuenta uno, “pero la obra ya está acabando.”
La anécdota ilustra bien el trabajo de los operadores políticos
marginales, los cuales son básicamente sobre los que recae la
responsabilidad de movilizar personas. En recompensa, el operador
recibirá algún tipo de puesto en el gobierno. Es difícil saber si las
intenciones de los operadores son políticas o meramente comerciales.
Según muchos de mis entrevistados, los OPM son una especie de
mercenarios de la política, los cuales buscan, sobre todo, obtener
beneficios económicos. Aunque resulte contra intuitivo, es posible que
la mayor motivación no sea política sino económica. No he encontrado
evidencia de que los operadores marginales cuenten con algún grado de
poder político postelectoral.
No obstante, existe otro tipo de operador que sí ambiciona poder
político: el operador estratega (OPE). Esta clase de operador es quien
se encarga de trabajar junto al candidato la estrategia de la campaña,
de negociar junto al candidato el trato con periodistas, incluso es
capaz de intervenir en la selección de candidatos a incluir en la
coalición; planifica y ejecuta “la guerra sucia”. Es el nexo, además,
entre el candidato y los OPM durante la campaña. Un ejemplo de OE es el
caso de Luis Ronquillo, actual asesor político del presidente regional y
operador principal de la campaña de AQUÍ. Ronquillo es un operador
atípico, activista de la iglesia sur andina y profesional con años de
trabajo en ONGs. Ronquillo logró articular una campaña exitosa en la
segunda vuelta captando operadores marginales que “desplegaran campaña”
en todas las provincias del departamento. Como estrategia, se asignó un
operador a cada provincia, que a su vez estuvo encargado de posicionar
operadores menores en la mayoría de distritos. Según Ronquillo, y otros
de mis entrevistados, el éxito de Rodríguez en la segunda vuelta fue
posible gracias al acuerdo del grupo dirigente de AQUÍ con actores
políticos, sobre todo operadores de los grupos que quedaron fuera de
carrera.
Los operadores, tanto marginales como estratégicos, llegaron a la
palestra política en la década del noventa, cuando los aparatos
partidarios se desintegraron. Puno fue durante los ochenta una de las
regiones más politizadas del país. En el departamento convivían el PUM,
con gran fuerza política gracias a su control de la Federación
Departamental de Campesinos de Puno (FDCP); Sendero Luminoso, con
presencia importante en las provincias del norte del departamento;
FRENATRACA, el único partido regional de la década; y Acción Popular y
el APRA.. Según Cornejo, los primeros operadores fueron ex militantes
partidarios de grupos de izquierda. En la UNA las escuelas partidarias
de alguna manera han persistido, sobre todo impulsadas por PCP Patria
Roja, poderoso en la universidad. Aunque las elecciones estudiantiles ya
no se definen a balazos como antaño, siguen siendo muy politizadas. Con
la excepción de Ronquillo, todos los operadores entrevistados fueron
formados en la Universidad, allí aprendieron a organizar campañas y
trasladaron ese conocimiento a las elecciones gubernamentales.
Finalmente, ¿son los operadores políticos la estructura a la que se
refiere Sulca? Efectivamente, son los estos los que organizan y
conforman una especie de maquinaria política, sobre la que se sostiene
un determinado movimiento durante la temporada electoral. Al igual que
las alianzas entre candidatos, el contrato entre operador y político
casi siempre se desvanece. Max Lanza, luego de “operar” la campaña de
Fuentes, se distanció del ex presidente porque este se rehusó a
otorgarle uno de los cargos gerenciales en el Gobierno Regional. Por
otra parte, igual que el mercado de alianzas políticas, los candidatos
son propensos a devaluarse y los operadores prefieren el trabajo con los
políticos con mejores activos.
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Aunque los mecanismos alternativos más utilizados para hacer política
electoral en Puno son los reseñados anteriormente: coaliciones, medios y
operadores, estos no son los únicos. En la región se avizora un nuevo
tipo de político que trae bajo el brazo otra forma de capitalizar votos
sin contar con un partido político: la utilización del Estado. Como
nunca antes en la historia electoral de la región, los alcaldes de Puno y
Juliaca, las ciudades más importantes del departamento, han sido
reelectos. Butrón, en Puno, con un movimiento de reciente formación
auspiciado por el mismo y Mamani, en Juliaca, como parte del partido
nacional Siempre Unidos, del que él es acaso el único militante en la
región. La reelección de David Mamani es el ejemplo más visible de la
capitalización electoral de una gestión “exitosa”, caracterizada por
numerosas obras de infraestructura.
Mamani es profesor de escuela y director de una banda de cumbia. El
2002 postuló sin éxito a la alcaldía juliaqueña, y el 2006 logró ganar.
Según mis fuentes, fue importante el apoyo que recibió en su segunda
candidatura de operadores como Sulca y Parada, que en ese entonces
trabajaban en asociación. Los operadores se encargaron de la dirección
de la campaña e incluso seleccionaron los candidatos a regidores, los
cuales se comprometieron a dar un aporte financiero. Con esa asociación,
Mamani se hizo de la alcaldía con apenas 15% de los votos válidos.
Llegado al poder, los regidores se volvieron en su contra, por lo que
durante su gestión tuvo un Consejo Municipal enfrentado y amenazándolo
con la promoción de la vacancia. En mayo del 2010, a siete meses de
dejar el cargo y a cinco de las elecciones, los díscolos regidores
lograron vacar a Mamani gracias a sus inasistencias al Consejo. Así, el
vacado Mamani se concentró en su campaña electoral: esta vez no llamó
operadores ni contrató periodistas, seguro como estaba de que su campaña
debía concentrarse únicamente en resaltar las obras de su gestión.
Mamani es un tipo bajo, que habla con entusiasmo sin agotarse. Luego
de entrevistarlo, me invita a ver las obras que ha realizado en la
gestión anterior. Acepto y recorremos la ciudad en su viejo Volkswagen
escarabajo: a excepción del tramo de carretera que conecta a Puno, son
en su mayoría monumentos de aluminio, pequeños parques, escaleras
adornadas con estatuas. Me lleva a ver lo que él considera uno de sus
proyectos emblemáticos: es una piscina de dimensiones olímpicas, techada
y adornada con palmeras artificiales y fotografías de playas exóticas.
Mientras vemos a los bañistas me cuenta sobre nuevos proyectos, como el
gimnasio municipal o la remodelación total del edificio de la alcaldía.
Fuera del carácter de sus obras de infraestructura – secundarias en una
ciudad que no cuenta con drenaje público – éstas han sido percibidas por
parte de la población como signo de modernidad, lo que Mamani ha sabido
capitalizar en votos. El 2010 obtuvo 10 puntos porcentuales más que en
la elección anterior.
Tanto Mamani como Butrón planean ser candidatos al gobierno regional
el 2014. Butrón, como candidato de su propio movimiento, sin embargo
Mamani no aspira a ser dueño de su propio partido. “Postularía con
Siempre Unidos – me dice - la mamá y la guagüita traen suerte . ” Afirma
que no tiene porqué irse, que nunca ha tenido ninguna exigencia de la
dirigencia nacional, que cuenta con toda la liberad como líder en la
región. Aunque Mamani es parte de un partido nacional, básicamente es un
independiente, él fue el único candidato del partido en Puno en la
elección pasada y ni siquiera se preocupó en postular candidatos a los
distritos de Juliaca. “Quería demostrar que yo podía ganar sin la ayuda
de otros” – dice. Acepta, sin embargo, que de postular a la presidencia
regional deberá buscar candidatos en las provincias.
Si las candidaturas de Mamani y Butrón se concretan, será la primera
vez que los alcaldes de las dos ciudades – representativas del norte y
sur del departamento – se enfrenten por el gobierno de la región. La
versión política de un duelo que lleva décadas en el altiplano.