Juan Carlos Callacondo Velarde
Profesor y Comunicador Social
Con
las últimas denuncias de narcocongresitas en el primer aparato político del
país, las descomposición política es
están evidente, que genera mucha desconfianza. Todo huele tan feo y
nauseabundo que vergüenza da hablar de política, desde Toledo que compró sus
propiedades con dineros sucios y mal habidos o las posees soberbias, mujeriegas
y grazulentas de Alan García. No sé si aun así siga siendo un encanto la
política para gente buena y proba. A mí sinceramente me saca ronchas pero
continúo en su brega. Al común poblador de calle cuando se refiere a un
político le salen palabras muy duras y condimentadas desde sus entrañas tan cargados
de resentimiento y odio para desatar en ataques furibundo con epítetos de
fuerte calibre como; delincuentes, incapaces, poco hombre, malnacido y otros
más atroces, que sus hijos y madres deben sentirse muy avergonzados, sí que no se volvieron conchudos.
Realmente
está tal desacreditado la acción política que cualquier cosa puede pasar en
nuestro sistema democrático. Esta mañana escuchaba perplejo como un desubicado
oyente pedía por una radio también desubicado un gobierno al estilo y la talla
de la dictadura de Pinochet. Este sentimiento es maniqueísmo puro, producto de ese terreno minado por la
corrupción, la viveza, la conchudez los apetitos,
aprovechamiento que le sacaron ventaja los políticos a la cosa pública.
¿Cómo
podemos pedir y admirar un gobierno de dictadura? ¿No fue suficiente la
experiencia con Fujimori, que fue un gobierno corrupto, sangriento, violento
que nos afecta nuestra existencia hasta
el día de hoy? Estos comentarios de gente despistado es una corriente
alimentada por los que desean ver a Ollanta
gobernando el país más de cinco años como un tirano dictador al puro estilo del
difunto Hugo Chávez o su seguir petrificado de Evo Morales o el matonesco
gobierno de Correa.
A pesar que la política sea
traposeada, maltratado, por políticos advenedizos que se encontraron el poder solo por un ego
insuflado por su dinero o esas cosas raras que pasan en las elecciones. La
política pide a gritos ser revindicado por y con gente digna, preparada y
esencialmente honesta y responsable. A pesar de la bulla y el descontento por
lo político, las política debe ser entendido como ética de lo colectivo, como
soñaba el joven filosofo Gramsci donde exista un dialogo digno y ejemplar de la
virtud privada y de la virtud pública.
Aunque que para muchos la ética y
política son contrarios, pero pueden
integrarse como sentenciaba y recomendaba el viejo Aristóteles en el albur de
la historia, que el “hombre es un animal político por naturaleza” Para nuestra
suerte el hombre es el único tiene conciencia, inteligencia, palabra para discurrir y discernir acerca de lo
justo y de lo injusto, de lo bueno y de lo malo, de lo conveniente y lo
inconveniente. En otras palabras, solo los hombres libres, educados con
conciencia ciudadana dan al sentido a lo «bueno» (por ejemplo, al hablar de
«vida buena») una interpretación moral y política, y no únicamente natural o
económica. Solo nosotros podremos volver a reconstruir la vida y la política
como el instrumento que permite hacer viable y posible lo imposible.
Debemos alejar esos olores
nauseabundos, matar lo viejo y podrido por recuperar y sembrar nuevas semillas
en la política nacional y eso es abrir camino a los jóvenes y hombre de buena
intención.

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