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viernes, 30 de agosto de 2013

AMINAL POLITICO

Juan Carlos Callacondo Velarde                                    
Profesor y Comunicador Social                               
Con las últimas denuncias de narcocongresitas en el primer aparato político del país, las descomposición política es están evidente, que genera mucha desconfianza. Todo huele tan feo y nauseabundo que vergüenza da hablar de política, desde Toledo que compró sus propiedades con dineros sucios y mal habidos o las posees soberbias, mujeriegas y grazulentas de Alan García. No sé si aun así siga siendo un encanto la política para gente buena y proba. A mí sinceramente me saca ronchas pero continúo en su brega. Al común poblador de calle cuando se refiere a un político le salen palabras muy duras y condimentadas desde sus entrañas tan cargados de resentimiento y odio para desatar en ataques furibundo con epítetos de fuerte calibre como; delincuentes, incapaces, poco hombre, malnacido y otros más atroces, que sus hijos y madres deben sentirse muy avergonzados, sí que no  se volvieron conchudos.

Realmente está tal desacreditado la acción política que cualquier cosa puede pasar en nuestro sistema democrático. Esta mañana escuchaba perplejo como un desubicado oyente pedía por una radio también desubicado un gobierno al estilo y la talla de la dictadura de Pinochet. Este sentimiento es maniqueísmo puro,  producto de ese terreno minado por la corrupción, la viveza, la conchudez  los apetitos, aprovechamiento que le sacaron ventaja los políticos a la cosa pública.
¿Cómo podemos pedir y admirar un gobierno de dictadura? ¿No fue suficiente la experiencia con Fujimori, que fue un gobierno corrupto, sangriento, violento que nos afecta nuestra  existencia hasta el día de hoy? Estos comentarios de gente despistado es una corriente alimentada por los que desean ver  a Ollanta gobernando el país más de cinco años como un tirano dictador al puro estilo del difunto Hugo Chávez o su seguir petrificado de Evo Morales o el matonesco gobierno de Correa.
A pesar que la política sea traposeada, maltratado, por políticos advenedizos  que se encontraron el poder solo por un ego insuflado por su dinero o esas cosas raras que pasan en las elecciones. La política pide a gritos ser revindicado por y con gente digna, preparada y esencialmente honesta y responsable. A pesar de la bulla y el descontento por lo político, las política debe ser entendido como ética de lo colectivo, como soñaba el joven filosofo Gramsci donde exista un dialogo digno y ejemplar de la virtud privada y de la virtud pública.
Aunque que para muchos la ética y política son contrarios,  pero pueden integrarse como sentenciaba y recomendaba el viejo Aristóteles en el albur de la historia, que el “hombre es un animal político por naturaleza” Para nuestra suerte el hombre es el único tiene conciencia, inteligencia,  palabra   para discurrir y discernir acerca de lo justo y de lo injusto, de lo bueno y de lo malo, de lo conveniente y lo inconveniente. En otras palabras, solo los hombres libres, educados con conciencia ciudadana dan al sentido a lo «bueno» (por ejemplo, al hablar de «vida buena») una interpretación moral y política, y no únicamente natural o económica. Solo nosotros podremos volver a reconstruir la vida y la política como el instrumento que permite hacer viable y posible lo imposible.
Debemos alejar esos olores nauseabundos, matar lo viejo y podrido por recuperar y sembrar nuevas semillas en la política nacional y eso es abrir camino a los jóvenes y hombre de buena intención.


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