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lunes, 31 de diciembre de 2012

LOS ÚLTIMOS DIAS



Juan Carlos Callacondo Velarde

Estos son los últimos días del 2012, las noticias nos refiere que los congresistas pugnan por alcanzar aumentos de sus ingresos económicos, se reportan muertes por accidentes en todas partes, se hacen inauguraciones de muchas obras como regalo del año, se celebran el logro de las metas económicas. Si uno mira hacia atrás encontrará que fueron 365 días casi con las mismas características. Nuestra preocupación como persona y como institución pública y privada sigue siendo el mismos, generar mayores posibilidades económicas, construir muchas obras materiales, gastar en todo, menos en el desarrollo humanos de las personas.
Este año más allá de muchas experiencias, anécdotas y hechos cotidianos nos permite mirar y ratificar que la historia, el desarrollo, el día a día, el año a año, lo bueno y lo malo, las cosas que hacemos  y dejamos de hacer  es producto del hombre, estos hechos no sucede por arte de magia y bendición divina, sino porque las personas lo hacen de forma individual u organizados, en familias o instituciones. Al hacer una revisión muy somera podremos ver que todos funcionamos con el mismo  el chip, con el mismo enfoque; primero la plata y segundo más cosas materiales alrededor nuestro. Una simple verificación de las cosa que compramos, de las preocupaciones que nos ocupó el 2012 seguro que  fue mejorar la casa, más artefactos,  comprar un carro, más tecnología, sin embargo nuestra educación, nuestra salud, nuestras emociones, nuestra formación espiritual estuvo ausente  en nuestra agenda personal y social. Si esos nos pasa a nivel personal, también nos pasa a nivel institucional, todas las acciones y proyectos estuvieron orientados a más obras, a más rentabilidad, pero a menos salud, menos educación, menos seguridad, menos a personas y vidas.
Para el estado, el desarrollo aún se mira como  crecimiento económico, como un fin en sí mismo, sigue predominando las opciones normativas de cómo generar más recaudación. El pulso del desarrollo sigue marcado por el producto interno bruto (PIB) y del rendimiento del mercado de valores.  Lo humano, los  social, la inclusión, el progreso, la educación, la salud  son tema de discurso y promesas electorales. Necesitamos de verdad  pensar en el desarrollo humano de manera sostenible y equitativa.
Al fin del año y el inicio del próximo, todos los enfoques de desarrollo  apuntan en la misma dirección la vida y la dignidad de la persona humana, en sus derechos, a sus libertades. La actitud de respeto a las personas es el reconocimiento de su dignidad.  Si bien es cierto, el crecimiento económico es importante, pero es más urgente  pensar en el desarrollo humano, la reducción de la pobreza y la sustentabilidad a largo plazo como propósitos de vida.
Necesitamos mirar hacia nuestras vidas, nuestros conocimientos, actitudes, valores, a las personas, porque ellos son el centro y la razón del proceso de desarrollo, esto implica abogar, impulsar, promover  un nuevo estilo de desarrollo que permita mayor acceso a los servicios de educación, salud con calidad, en la preservación de la biodiversidad; en la reducción de la pobreza y de las desigualdades sociales; en la conservación del sistema de valores, prácticas y símbolos de identidad, en profundizar la democracia y garantizar el acceso y la participación de todos en la toma de decisiones públicas. Este es el reto que no pudo ser posible y debe ser una meta prioritaria para el próximo año 2013.

viernes, 21 de diciembre de 2012

FIN DEL MUNDO



FIN DEL MUNDO

Juan Carlos Callacondo Velarde

Si hoy fuera el último día de nuestra existencia ¿Cómo sería esa imagen, esa fotografía que rememore estos  instantes?  Un mundo donde el más vivo, el más mosca, el avispado, es un vacan, chévere y gracias a esta cualidad y habilidad desarrollada tiene éxito, plata, fama, fortuna, reconocimiento social hasta preferencia electoral. Ese vivo, que hoy es político, jefe, dirigente, invasor de tierras, líder de diferentes asociaciones y que vive cómodo de las cuotas paupérrimas mensuales, ese vivo que tiene capacidad de influencia, negociación, decisión y complicidad con el presidente regional con el que celebra pactos secretos y tienen de monigotes algunos alcaldes. Ese es el modelo, el prototipo que gobierna los últimos minutos de la vida. Mientras los pocos ciudadanos somos vistos como bobos, tontos, inútiles como lo sentencia el refrán; “el vivo vive del sonso y sonso de su trabajo”.
Este es el mundo que debe acabar, aquí debe existir un fin, debe alinearse los planetas, para que la autoridad es no sea corrupta, el policía deje ser prepotente y aprovechado, al vendedor deje de ser un embaucador, el banquero un ladrón, el empresario un bolsillero, el periodista un gran mentiroso e hipócrita, el abogado un gran ladrón, el maestro un incapaz, el fabricante un gran contaminador, al transportista un asesino en serie, el político una gran timador, el padre un tirano violento. Mi abuela decía; “cuando uno sabe cuándo va morir tiene capacidad de arrepentimiento y transformación”.
Este es el mundo que todos hicimos o dejamos de hacer. Donde la pobreza y la corrupción son el cáncer que nos mata día a día, este el mundo donde la contaminación provocará el verdadero fin del mundo, donde el calentamiento global no solo es un pensamiento aterrador, sino real. Este es el mundo donde nos alimentamos con comida chatarra que nos destruye, este es mundo donde todos los días no envenenamos le mente con imágenes de violencia y muerte  provocados por la televisión. Estos son los días donde las mismas leyes son más flexibles para proteger a las grandes empresas, este es el mundo donde los padres de la patria se suben los sueldos hasta los 32 mil mensuales y se pagan 16 sueldos al año. Este el Perú del fin del mundo donde las mafias gobiernan los municipios, los gobiernos regionales y el estado pensando que es democracia viva.
Como  somos vivos, sobrevivimos al fin del mundo, el fin del mundo se nos escapa  no sé porque, aun seguimos vivos y seguiremos por muuuchos años más, tenemos la oportunidad de cambiar, transformarnos,  recuperar nuestra dignidad aunque sea lo último que hagamos antes del Apocalipsis final. Nuestros gobernantes deben entender que la manera de evitar el fin del mundo es educando, garantizando derechos, creando empleo, formando ciudadanos, conservando el medio ambiente, previniendo la salud, conviviendo en democracia y paz. Como pasaran estos días apocalípticos, vendrá la Navidad, aunque esa de noche volverá la paz, la armonía, la felicidad. Si no pasara, si no haya cambios, entonces que venga el fin del mundo.

viernes, 7 de diciembre de 2012

A TOMAR LAS CALLES



Juan Carlos Callacondo Velarde

Esta semana el colectivo de jóvenes ARBOLEREN que tienen como propósito recuperar espacios públicos para la vida en comunidad,  en una buena iniciativa o coincidencia oportuna o intencional incidencia ha provocado el cambio de uso y recuperación del cruce de Cayma. Esta experiencia, es una demostración extraordinaria de rescatar los espacios públicos para ponerlos a favor de la calidad de vida de las personas, que debemos aprender todos los arequipeños.  Poner la cultura versus  carros, plantas por llantas, vida por cemento,  armonía  por caos, es un atrevimiento para aplaudir de pie. En este cruce, que es el corazón de la zona comercial más importante de Arequipa en horas punta  transitan más de 9 mil personas, allí donde los carros eran más importantes ahora puede verse una exposición de primer nivel como es el Salón Internacional del Humor Gráfico promovido por una excelente artista arequipeño como es Omar Zevallos.
Esta actitud valiente, insistente, esforzada y corajuda liderada por Alonso Ortiz y Mateo Eta y su grupo de jóvenes de fuertes convicciones sociales  deben hacernos reflexionar y reorganizar nuestros esquemas mentales para ver la calle, los parques, las plazas, la ciudad como un lugar  prioritario para las personas. En algún momento fatal de la vida perdimos nuestro espacio en la calle, el parque, las losas deportivas, las avenidas, la campiña; nos ha ganado el cemento, el fierro, los carros, obras que reeligen alcaldes, la inseguridad, la basura, el meadero y la mala planificación de la ciudad.  Es hora de echarnos a  recuperarlos para la vida en comunidad y asegurando ambientes saludables y ecológicos para nosotros y nuestros hijos.
Recuperar un espacio público debe ser una política pública de urbanismos y salud pública de primera prioridad en los gobiernos locales y una práctica comunitaria de todos nosotros. Los espacios públicos son de todos los ciudadanos, necesitamos recuperarlos, cuidarlos, no solo para que estén bonitos sino para aminorar el impacto de los grandes problemas que nosotros mismos generamos. El espacio público debe ser primero para la gente y después para el auto y otras vanidades. Hemos perdido los parques, plazas para que sean encerradas por las rejas, hemos perdido las calles para que sean playas públicas de estacionamiento, hemos perdido las losas deportivas  por una vida sedentaria  y malos hábitos saludables, estamos perdiendo la campiña por la necesidad de viviendas, estamos perdiendo la calidad de nuestra vidas por nuestra actitudes pasivas y conformistas.
Hay que salir a tomar los parques, las plazas, las calles, las losas deportivas abrirlas para usarlas, necesitamos estos espacios para ser más humanos. Los espacios públicos recuperados nos permiten  generar más vida, más alegría,  posibilita convivir en comunidad, promueven identidades colectivas, sirven para entablar lazos de amistad con nuestros  vecinos,  para recuperar más áreas verdes  que ayuden a la descontaminación de la ciudad, para que las familias y los niños  tengan zonas de entretenimiento y esparcimiento. Recuperar estos espacios públicos ayudan a disminuir los índices de delincuencia que pueda existir en un barrio, permiten que la vida en familia se concrete y la vida comunitaria también. Está comprobado que en los espacios públicos de alta calidad, la gente tiende a ayudarse y se sienten más seguros.
Recuperar el espacio público es  una contribución a la movilidad, salud, e interacción social de la población, hagamos algo para que así sea.