¿Está usted de acuerdo con
la gestión de su alcalde?, ¿Podría darle una oportunidad más? Sin duda, un
alcalde es la representación del poder político en un espacio local. Cuando los
ciudadanos exigen a su alcalde resolver todos los problemas que tienen toda la razón. Porque el alcalde tiene el
poder del estado y también el poder político. Como tal tiene toda la
responsabilidad de buscar el bienestar general de su población en todos los
campos, así este no sea de su competencia. Si no resuelve, lidera y promueve su cambio o su gestión.
El grupo parlamentario fujimorista de Fuerza Popular está impulsando
en el congreso la modificación de la ley que prohibía la relección inmediata de
alcaldes, esta iniciativa que está buscando el consenso en otras bancadas para
permitir una sola reelección para alcaldes, más no de gobernadores, ni
congresistas. Tiene como tesis central que cuatro años es muy poco para
gobernar y muchos alcaldes que quedan solo en el aprendizaje. Si cuatro años es
muy poco tiempo para gobernar, también habría que aplicar ese mismo
razonamiento para los gobernadores, para la presidencia de la república. Habría
que comprender que para ellos si es suficiente tiempo cuatro y cinco años, más
no así para los alcaldes. Ese sustento no tiene mayor asidero.
Más allá de allá de esa
inconsistencia, esta es una iniciativa in popular, no aborda la compleja problemática
de los gobiernos locales y el desencanto popular. Nuestras autoridades han
perdido o pierdan como mucha facilidad su representación legítima. Lo legitimo,
entendido como pérdida de confianza del pueblo. Los electores endosan un voto
con la esperanza de tener buena representación que resuelva los fuertes
problemas que nos aquejan en un espacio reducido como es un distrito. Nuestros
grandes problemas están a la vista como son la seguridad ciudadana, servicio de
transporte público, recojo de basura
oportuna, parques y plazas adecuadamente cuidados, gestión de obras menudas y de envergadura además de otros servicios municipales a los que acuden
diariamente. En suma la gente ha perdido la confianza al valor público de la gestión
municipal. Con iniciativa de reelección no se restituye la confianza de la
autoridad.
Otro problema importante es la
función de los partidos políticos en un espacio local, el ser electos por
organizaciones locales no es ninguna garantía para la consolidación democrática.
Cuando los vecinos expresan su desesperanza con la gestión municipal se quejan
de la incapacidad de los partidos políticos. Si
los alcaldes y funcionarios públicos no poseen formación política ni mucho menos
gestión pública siempre demoran en aprender y muchos no tienen las capacidades
suficientes, ellos nunca aprenderán. La formación de los cuadros políticos es
una función de los partidos políticos, por eso deben captar buenos candidatos,
formarlos y acompañarlos en la gestión municipal. La ley no fortalece la presencia en partidos políticos
en la gestión municipal.
Otro gran problema es la
percepción de corrupción generalizado dentro de la municipalidad, que muchas
veces es promovido por los mismos proveedores
bajo el auspicio de la autoridad. La obligación del diezmo para la
autoridad es una ley implícita en la negociación con el estado y la autoridad,
esto visto por los trabajadores, en muchos casos casi automáticamente emulado entrándose
en actos de corrupción. De allí que deviene esta frase en elecciones que “toda
reelección es corrupción”. A pesar que la contraloría tiene todas las leyes
anticorrupción las mafias de corrupción pueden más.
La propuesta de ley no analiza
las causas que generan el desencanto popular con el gobierno local. No propone
una reforma integral y como tal solo es una iniciativa politiquera y no política.
Solo se está pateado la pelota para delante y no resolver los problemas que
siempre se repetirán. Al final el
veredicto siempre viene del pueblo y muchas veces siempre es justa.


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