Juan Carlos Callacondo Velarde
Estos son los últimos días del 2012, las noticias nos refiere que los congresistas pugnan por alcanzar aumentos de sus ingresos económicos, se reportan muertes por accidentes en todas partes, se hacen inauguraciones de muchas obras como regalo del año, se celebran el logro de las metas económicas. Si uno mira hacia atrás encontrará que fueron 365 días casi con las mismas características. Nuestra preocupación como persona y como institución pública y privada sigue siendo el mismos, generar mayores posibilidades económicas, construir muchas obras materiales, gastar en todo, menos en el desarrollo humanos de las personas.
Este año más allá de muchas experiencias, anécdotas y hechos cotidianos nos permite mirar y ratificar que la historia, el desarrollo, el día a día, el año a año, lo bueno y lo malo, las cosas que hacemos y dejamos de hacer es producto del hombre, estos hechos no sucede por arte de magia y bendición divina, sino porque las personas lo hacen de forma individual u organizados, en familias o instituciones. Al hacer una revisión muy somera podremos ver que todos funcionamos con el mismo el chip, con el mismo enfoque; primero la plata y segundo más cosas materiales alrededor nuestro. Una simple verificación de las cosa que compramos, de las preocupaciones que nos ocupó el 2012 seguro que fue mejorar la casa, más artefactos, comprar un carro, más tecnología, sin embargo nuestra educación, nuestra salud, nuestras emociones, nuestra formación espiritual estuvo ausente en nuestra agenda personal y social. Si esos nos pasa a nivel personal, también nos pasa a nivel institucional, todas las acciones y proyectos estuvieron orientados a más obras, a más rentabilidad, pero a menos salud, menos educación, menos seguridad, menos a personas y vidas.
Para el estado, el desarrollo aún se mira como crecimiento económico, como un fin en sí mismo, sigue predominando las opciones normativas de cómo generar más recaudación. El pulso del desarrollo sigue marcado por el producto interno bruto (PIB) y del rendimiento del mercado de valores. Lo humano, los social, la inclusión, el progreso, la educación, la salud son tema de discurso y promesas electorales. Necesitamos de verdad pensar en el desarrollo humano de manera sostenible y equitativa.
Al fin del año y el inicio del próximo, todos los enfoques de
desarrollo apuntan en la misma dirección
la vida y la dignidad de la persona humana, en sus derechos, a sus libertades. La
actitud de respeto a las personas es el reconocimiento de su dignidad. Si bien es cierto, el
crecimiento económico es importante, pero es más urgente pensar en el desarrollo humano, la reducción
de la pobreza y la sustentabilidad a largo plazo como propósitos de vida.
Necesitamos
mirar hacia nuestras vidas, nuestros conocimientos, actitudes, valores, a las
personas, porque ellos son el centro y la razón del proceso de desarrollo, esto
implica abogar, impulsar, promover un
nuevo estilo de desarrollo que permita mayor acceso a los servicios de educación,
salud con calidad, en la preservación de la biodiversidad; en la reducción de
la pobreza y de las desigualdades sociales; en la conservación del sistema de
valores, prácticas y símbolos de identidad, en profundizar la democracia y
garantizar el acceso y la participación de todos en la toma de decisiones
públicas. Este es el reto que no pudo ser posible y debe ser una meta
prioritaria para el próximo año 2013.

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