Juan Carlos Callacondo Velarde
Esta semana el colectivo de jóvenes ARBOLEREN que tienen
como propósito recuperar espacios públicos para la vida en comunidad, en una buena iniciativa o coincidencia oportuna
o intencional incidencia ha provocado el cambio de uso y recuperación del cruce
de Cayma. Esta experiencia, es una demostración extraordinaria de rescatar los
espacios públicos para ponerlos a favor de la calidad de vida de las personas,
que debemos aprender todos los arequipeños. Poner la cultura versus carros, plantas por llantas, vida por cemento, armonía por caos, es un atrevimiento para aplaudir de
pie. En este cruce, que es el corazón de la zona comercial más importante de
Arequipa en horas punta transitan más de
9 mil personas, allí donde los carros eran más importantes ahora puede verse
una exposición de primer nivel como es el Salón Internacional del Humor Gráfico
promovido por una excelente artista arequipeño como es Omar Zevallos.
Esta actitud valiente, insistente, esforzada y corajuda liderada
por Alonso Ortiz y Mateo Eta y su grupo de jóvenes de fuertes convicciones sociales
deben hacernos reflexionar y reorganizar
nuestros esquemas mentales para ver la calle, los parques, las plazas, la
ciudad como un lugar prioritario para
las personas. En algún momento fatal de la vida perdimos nuestro espacio en la
calle, el parque, las losas deportivas, las avenidas, la campiña; nos ha ganado
el cemento, el fierro, los carros, obras que reeligen alcaldes, la inseguridad,
la basura, el meadero y la mala planificación de la ciudad. Es hora de echarnos a recuperarlos para la vida en comunidad y asegurando
ambientes saludables y ecológicos para nosotros y nuestros hijos.
Recuperar un espacio público debe ser una política pública
de urbanismos y salud pública de primera prioridad en los gobiernos locales y
una práctica comunitaria de todos nosotros. Los espacios
públicos son de todos los ciudadanos, necesitamos recuperarlos, cuidarlos, no
solo para que estén bonitos sino para aminorar el impacto de los grandes
problemas que nosotros mismos generamos. El espacio público debe ser
primero para la gente y después para el auto y otras vanidades. Hemos perdido los parques, plazas para que sean encerradas por las
rejas, hemos perdido las calles para que sean playas públicas de
estacionamiento, hemos perdido las losas deportivas por una vida sedentaria y malos hábitos saludables, estamos perdiendo
la campiña por la necesidad de viviendas, estamos perdiendo la calidad de
nuestra vidas por nuestra actitudes pasivas y conformistas.
Hay que salir a tomar los
parques, las plazas, las calles, las losas deportivas abrirlas para usarlas,
necesitamos estos espacios para ser más humanos. Los espacios públicos recuperados
nos permiten generar más vida, más alegría,
posibilita convivir en comunidad, promueven identidades
colectivas, sirven para entablar lazos de amistad con nuestros vecinos, para recuperar más áreas verdes que ayuden a la descontaminación de la ciudad,
para que las familias y los niños tengan
zonas de entretenimiento y esparcimiento. Recuperar estos espacios públicos ayudan
a disminuir los índices de delincuencia que pueda existir en un barrio,
permiten que la vida en familia se concrete y la vida comunitaria también. Está
comprobado que en los espacios públicos de alta calidad, la gente tiende a
ayudarse y se sienten más seguros.
Recuperar el espacio público es una contribución a
la movilidad, salud, e interacción social de la población, hagamos algo para
que así sea.

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