Juan Carlos Callacondo Velarde
Este fin de semana la televisión
peruana presentó imágenes de cómo se desborda la inseguridad en las calles, las
plazas, los parques y las mentes de los peruanos. Esta vez el punto focal fue el
emporio comercial más grande del Perú, Gamarra, esta borda delincuencial ha
generado un muerto, más de 100 heridos, muchos
negocios saqueados, muchos canales de televisión transmitiendo en vivo, 25
millones de peruanos perturbados con el síndrome de la violencia. Estas
imágenes que solo eran vistos en los países más pobres y en películas surrealistas, han generado temor, miedo, turbación, ansiedad
en los millones de televidentes colocándonos por momentos en ese escenario
tenebroso, espantoso y tenebroso.
La televisión peruana todos los días nos alimenta
un discurso que nos lava la mente con un leguaje que dice mata, viola, roba,
corrompe, se homosexual, sácale los cachos, suicídate, entre otros elementos de
este guion mediático que se llama todo por el rating, mas avisaje y más dinero.
La televisión peruana abierta no tiene
propósitos dignos y trascendentes desde hace mucho tiempo, sus programas enlatados
y noticieros contienen alta violencia y un tratamiento morboso de muerte, la
delincuencia, inseguridad, el sexo, las drogas. Estas imágenes son altamente
devastadoras en las mentes y las vidas de los millones de habitante del país
maravilloso llamado Perú.
Para nadie es desconocido que en la actualidad
vivimos en un mundo convulsionado, violento, perverso, corrupto donde la
persona humana cada día se deshumaniza, nos hemos vuelto insensibles ante el
sufrimiento ajeno y sobre todo apática ante la búsqueda de soluciones de esta
violencia, como si todo esto fuera una condición natural, es importante
recordar que la violencia no es normal, pero desgraciadamente si es común y
esto es engendrado y multiplicado por los medios de comunicación y
fundamentalmente por algunos canales de televisión que no realizan una adecuado
tratamiento de la información.
Una de las características de la violencia es que ésta en
escalada, es alimentada por los medios de comunicación y la tecnología. Los
delincuentes jóvenes hoy se inician en
los video juegos o películas agresivas, en cabinas de internet luego se
alimenta por noticias de la televisión, cada día muchos jóvenes desean
convertirse en los actores principales, motivándolos a filmarse mientras
agreden, mutilan o asesinan a una persona, es decir una cultura de
identificación con el antiheroe. Si la gente consume violencia es porque la
misma televisión ha entrado en círculo
vicioso de la violencia y la pobreza.
Por eso no es de extrañarse, que sea cada vez sea más común que
los jóvenes con la intención de imitar algún programa de televisión, video
juego o película, agredan, lesionen o se expongan a condiciones peligrosas
(deportes extremos) que atenten su integridad física, todo esto con la
intención de experimentar una sensación de vitalidad y éxtasis que les recuerde
que están vivos
En esta situación los medios deben adquirir una postura más
responsable, no solo basándose en las utilidades (reconociendo que es un
negocio), sino impulsar propuestas culturales, psicoeducativas, además de que
propuestas con las misma vitalidad que fomenten habilidades cognitivas y
estrategias creativas para solución de problemas, sin violencia.

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