Juan Carlos Callacondo Velarde
¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra! Es una vieja
proclama anunciado por el reformista radical Manuel Gonzales Prada en los años 1800. Esta frase agitaba, convocaba y encendía la pradera
a la lucha por la regeneración social, contra las malas ideas y los malos
hábitos, contra leyes y constituciones ajenas a la realidad peruana, contra la política
asentada en grupo aristocrático y tradicional.
¡Los viejos a la tumba, los jóvenes a la obra! Es la
arenga más
vigente que nunca, es un llamado en
espera para los jóvenes que miran nuestra realidad con mucha indignación y desesperanza
y al mismo tiempo con esperanza y utopía.
Las motivaciones de Gonzales Prada hoy se multiplican por
doquier, la corrupción ataca y corroe día a día los aparatos y niveles más altos del estado, ya no como
enfermedad sino un cáncer en metástasis, como el SIDA en el sexo libre e
irresponsable, que sigue destruyendo y matando nuestras mentes y nuestros
cuerpos. La pobreza, la inequidad, la exclusión social tiene a la mira al mismo
joven, a las mujeres, a los niños y los más pobres para destruirlos y
eliminarnos como seres humanos y ciudadanos.
Con mayor razón a los viejos políticos que han fracasado en la construcción de
partidos políticos fuertes vigorosos y alternativos que puedan gobernar con más
justicia y equidad social.
Ahora que festejamos el día de la juventud, esta realidad
nos enrostra que el futuro del país está
en riesgo permanente.
Los adolescentes y jóvenes (10 a 24 años de edad)
constituyen el 30% de la población nacional, si hace pocos años la pobreza
tenía rostro de mujer ahora tiene rostros de joven y adolescente. De los 7
millones y pico de jóvenes solo el 37.4%
asistente a un colegio, instituto o universidad y el 62.6% se mantiene
desocupado, expulsado por el sistema educativo o en rebeldía a la escuela y el colegio abandona, malo, tradicional y precaria
en la calidad de sus servicios educativos. Sin educación, que futuro podríamos esperar
de estos potenciales padres y madres de familia y de estos nuevos ciudadanos de
un Perú post moderno.
Los jóvenes no solo están fuera de las coberturas
educativas, sino también de los servicios de salud, de los 7 millones de joven solo
el 11. 6% tienen un seguro de salud, el
89% de jóvenes están fuera de los servicio de salud de calidad. Las cifras
hablan por sí solos, 17,054 jóvenes sufren el VIH-SIDA de los cuales el 52% son varones. La maternidad adolescente es cuatro veces
mayor en adolescentes sin educación (37%) que con educación secundaria. En la
selva peruana los indicadores muestran que el 26% de las adolescentes ya son
madres de familia. En la sierra el porcentaje es de 15% y en la costa de 8,5%
esto simplemente es inequidad e injusticia y grito permanente de ¡viejos y sus
problemas no resueltos a la tumba!
De los 7 millones de jóvenes solo 14,4%, tienen un empleo
digno y el 60% de empleo informal con
mano de obra de esclavo y barato, casi hasta en situaciones infrahumanas y un 15,8% desempleo y abandono total cantera seguro para la corrupción,
la delincuencia y terrorismo criminal. Esta es la realidad que sufre nuestra vieja
y querida patria.
¿Qué futuro labran los jóvenes? Según los datos desde la última elecciones solo 1, 400 jóvenes fueron elegidos como
regidores y autoridades, lo que nos muestra una escasa participación política,
cuando contradictoriamente el 32% del padrón electoral son jóvenes.
A cualquier mortal estas cifras desanimarían a ser joven
en el Perú. Es más el 30% de jóvenes desean o necesitan emigrar a otro país
para encontrar mejores posibilidades de estudio y trabajo.
Se hace urgente generar políticas
incluyentes a favor de la juventud, necesitamos que en todos los ámbitos se desarrollen y fortalezcan proyectos y
programas de desarrollo local, económico, empresarial y social con rostro joven, necesitamos poner jóvenes
a la obra con estrategias protectoras y habilitadoras para que en un futuro inmediato y mediato tengamos jóvenes
más inclusivo, optimista y justo.

0 comentarios:
Publicar un comentario