¡LOS POLÍTICOS COMEN MIERDA!, DIRÍA
DIÓGENES...
Alberto Llanos
No
hay cínicos, no hay materialistas. Todo hombre es un idealista, sólo que sucede
con demasiada frecuencia que tiene un ideal equivocado.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.
Gilbert Keith Chesterton (1874-1936) Escritor británico.
Diógenes entre los sabios cínicos es seguramente el más cautivante, al punto que su figura se ha convertido en una leyenda. Se cuenta que vivía en un tonel. Su aspecto era descuidado y su estilo burlón. Era en extremo transgresor.
Platón
llegó a decir de él que era “un Sócrates que se había vuelto loco”.
Nacido en Sínope, la actual Turquía, en el año 413 a.C. Por cuestiones económicas fue desterrado de su ciudad natal, hecho que tomó con cierta ironía: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse». Fue así que anduvo por Esparta, Corinto y Atenas. En esta última ciudad, frecuentando el gimnasio Cinosargo, se hizo discípulo de Antístenes.
Nacido en Sínope, la actual Turquía, en el año 413 a.C. Por cuestiones económicas fue desterrado de su ciudad natal, hecho que tomó con cierta ironía: «Ellos me condenan a irme y yo los condeno a quedarse». Fue así que anduvo por Esparta, Corinto y Atenas. En esta última ciudad, frecuentando el gimnasio Cinosargo, se hizo discípulo de Antístenes.
A
partir de entonces adoptó la indumentaria, las ideas y el estilo de vida de los
cínicos. Vivió en la más absoluta austeridad y criticó sin piedad las
instituciones sociales. Su comida era sencilla. Dormía en la calle o bajo algún
pórtico. Mostraba desprecio por las normas sociales. Se burlaba de los hombres
cultos —que leían los sufrimientos de Ulises en la Odisea mientras desatendían
los suyos propios— y de los sofistas y los teóricos —que se ocupaban en hacer
valer la verdad y no de practicarla—. También menospreciaba las Ciencias (la Geometría, la Astronomía y la Música) que no conducían a
la verdadera felicidad, a la autosuficiencia.
Pero
los sabios cínicos de esas épocas eran rectos y justicieros. Hoy ya no existen.
Los mansos de hoy son ‘ratas’, falsos y venden a su patria. El auténtico
Diógenes sólo admitía tener lo indispensable. No creía en la soberbia como hoy
se yergue un torpe vice-presidente. Cuentan que un día, Diógenes vio que un
muchacho tomaba agua con las manos, comprendió que no necesitaba su jarro y lo
arrojó lejos. ¿Ese jarro hubiera sido Omar Chehade con los platos de “Las
Brujas de Cachiche”?.
En
otra ocasión, cuando estaba en Corinto, cuando el mismísimo Alejandro Magno se
le acercó y le preguntó: «¿Hay algo que pueda hacer por ti?», Diógenes le
respondió: «Sí, correrte. Me estás tapando el sol».
Viendo
en cierta ocasión cómo los sacerdotes custodios del templo conducían a uno que
había robado una vasija perteneciente al tesoro del templo, comentó: «Los
ladrones grandes llevan preso al pequeño». Alguien muy supersticioso le
amenazó: «De un solo puñetazo te romperé la cara»; Diógenes replicó: « Y yo, de
un solo estornudo a tu izquierda te haré temblar».
Habiéndole
un invitado a entrar en su lujosa mansión, le advirtió que no escupiese en
ella, tras lo cual Diógenes arrancó una buena flema y la escupió a la cara del
dueño, para decirle después que no le había sido posible hallar lugar más
inmundo en toda la casa. A uno que le reprochó: «Te dedicas a la filosofía y
nada sabes», le respondió: «Aspiro a saber, y eso es justamente la filosofía».
“A uno que le manifestó el deseo de filosofar junto a él, Diógenes le entregó un atún y le ordenó seguirle. Aquél, avergonzado de llevarlo, se deshizo del atún y se alejó. Diógenes se encontró con él al cabo de un tiempo y, riéndose, exclamó: «Un atún ha echado a perder nuestra amistad».
“A uno que le manifestó el deseo de filosofar junto a él, Diógenes le entregó un atún y le ordenó seguirle. Aquél, avergonzado de llevarlo, se deshizo del atún y se alejó. Diógenes se encontró con él al cabo de un tiempo y, riéndose, exclamó: «Un atún ha echado a perder nuestra amistad».
En otra ocasión, gritó: «¡Hombres a mí!». Al acudir una gran multitud los despachó golpeándolos con el bastón: «Hombres he dicho, no basura». Diógenes estaba en una ocasión pidiendo limosna a una estatua. Preguntándole por qué lo hacía, contestó: «Me ejercito en fracasar». Para mendigar –lo que hacía a causa de su pobreza- usaba la fórmula: «Si ya has dado a alguien, dame también a mí; si no, empieza conmigo».
«¿Por qué –se le preguntó- la gente da dinero a los mendigos y no a los filósofos?». «Porque –repuso- piensan que, algún día, pueden llegar a ser inválidos o ciegos, pero filósofos, jamás». Diógenes Laercio, de Sinope o el Cínico, pedía limosna a un individuo de mal carácter. Este le dijo: «Te daré, si logras convencerme». «Si yo fuera capaz de persuadirte –contestó Diógenes- te persuadiría para que te ahorcaras». La personalidad de Diógenes era realmente excepcional. La vergüenza o la cortedad y el descaro o el atrevimiento, eran valores convencionales por la tendencia de guardar las apariencias. La sinceridad era un fervor.
Eres
un perro como yo, decía. Y por ello amaba a sus hermanos de cuatro patas. En un
banquete algunos le echaron huesos, como si fuera un perro: Diógenes,
comportándose como un perro, orinó allí mismo. Ahora, hay huesos para todos los
que defecan en la majestuosidad del Congreso. Este país necesita un DIÓGENES
para decir las cosas claras y les corten las 'uñas' a tantos políticos y
gobernantes ladrones. El Perú es una guarida… En una oportunidad, el filósofo
Diógenes salió a una plaza de Atenas en pleno día portando una lámpara.
Mientras caminaba decía: «Busco a un hombre». «La ciudad está llena de
hombres», le dijeron. A lo que él respondió: «Busco a un hombre de verdad, uno
que viva por sí mismo y no un indiferenciado miembro del rebaño».
Durante
un viaje en barco fue secuestrado por piratas y vendido como esclavo en Creta.
Los vendedores le preguntaron para qué era hábil y él contestó: «Para mandar».
Lo compró Xeniades de Corinto y le devolvió la libertad convirtiéndolo en tutor
de sus hijos.
Así Diógenes formaba, pero no enseñaba ni instruía. En la disciplina de la biología Diógenes adelantó una tesis hematógena ya que entendía que el semen se producía a través del aire que contenía la sangre. El aire introducido por respiración mantiene suspendida a la sangre, una parte de la cual, es bebida por la carne y otra que sobra, cae en las vías seminales y produce el semen, el cual no es sino espuma de la sangre agitada por el aire. ¿Sabrá esto Tejada el ministro de Salud?
Diógenes escribió varias obras, probablemente en forma de aforismos, que se han perdido. Murió en Corinto en el año 327 a.C. Algunos afirman que se suicidó conteniendo el aliento; otros que falleció por las mordeduras de un perro. Sin embargo, lo primero es lo más creíble.
[Apoyo: Angélica Rami cristal2642@yahoo.com]

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