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viernes, 14 de octubre de 2011

CORRUPCION, SOCIEDAD DE COMPLICES

CORRUPCION, SOCIEDAD DE COMPLICES

Juan Carlos Callacondo Velarde

Esta semana la opinión publica debate por enésima veces la posibilidad de enfrentar la corrupción en las diferentes modalidades enquistadas en las esferas del poder del estado. Esta política de lucha contra la corrupción empieza a sentirse y va tocado varias puertas; como es el caso del Banco de Materiales, la mega comisión de investigación instalado en el congreso para escrutar la gestión aprista y siendo la más trascendente el sector policial donde cesaron 30 generales y se prepara el retiro de otros 3 mil 500 oficiales, entre coroneles, comandantes, mayores, capitanes y tenientes con la justificación como expresa el ministro del Interior, Óscar Valdés, “el inicio de una reingeniería en esa institución con el objetivo de establecer una pirámide meritocrática”.
Vista como reingeniería o purga estas acciones están orientadas a lavar la cara e imagen de corrupción que goza y destruye este sector, en esta oportunidad no deseamos contribuir ha seguir haciendo leña del árbol caído sino a reflexionar cual es el que  papel jugamos. Según la Sexta Encuesta Nacional sobre Corrupción de Pro Ética, se considera que las instituciones percibas como las más corruptas son el Congreso de la republica  con 46%, la Policía Nacional con 45% y el Poder Judicial con el 38%.
Esta puntería iniciada en los niveles más altos de la PNP nos genera la esperanza de que pueda tener repercusión e impacto inmediato en todos los uniformados y los espacios policiales a los que concurrimos por orden y seguridad, toda la población sabe cuales son las modalidades de corrupción al interior de este sector, al iniciarse esta limpieza se habían ya planteado directivas que conminaban a los efectivos y oficiales a no robarse el combustible de los patrulleros y motocicletas, prohibir cualquier tipo de cobro para hacer uso de un vehículo policial, no sacar provecho de la gasolina que emplean los patrulleros y a que los comisarios no cobren cupos a sus subordinados para salir a realizar operativos en los vehículos, a que no se cobre cupos para movilizar y desplazar en los puestos policiales claves, incluso las  disposiciones también se menciona que el oficial de permanencia y el comisario deben verificar la calidad del rancho que se sirve al personal, de igual forma también denunciaban que en las comisarías existen “agentes fantasmas”, quienes cobran su sueldo pero que no asisten a laborar, gracias a la complicidad de sus superiores. Esperamos que esta purga pueda también llegar al personal subordinado para que podamos recuperar el respeto de autoridad a la envestidura policial.
Estas iniciativas no servirán de mucho sino colabora la sociedad. Ha habido, hay y habrá corrupción mientras existan cómplices, que sobornen, que escondan, que pidan favores, que promuevan la coima, pareciera que en el Perú, existe un “contrato social imaginario” donde el más vivo es le más preparado para transgredir y sacarle la vuela a la ley, no miramos al corruptor con ojos críticos, sino más bien con admiración, queriendo estar en su lugar. Esta fascinación por “el vivo” nos quita fuerza para denunciar, nos fragmenta, lanzándonos a una pasividad resignada. No debe darnos alegría estas acciones que se vienen haciendo en la policía, sino pena por que estamos debilitando a una de las instituciones que brinda valores, seguridad y tranquilidad, porque en ella nosotros fuimos también cómplices silenciosos ser parte de ella  y no denunciar adecuadamente en su momento. Esta lucha contra la corrupción necesita  transformar nuestra actitud de ciudadanía para ejercer un control de vigilancia responsable sobre la administración pública y orientar sus demandas y acciones de mayor eticidad hacia el Estado.

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