CORRUPCION, SOCIEDAD DE COMPLICES
Juan Carlos Callacondo Velarde
Esta
semana la opinión publica debate por enésima veces la posibilidad de enfrentar
la corrupción en las diferentes modalidades enquistadas en las esferas del
poder del estado. Esta política de lucha contra la corrupción empieza a
sentirse y va tocado varias puertas; como es el caso del Banco de Materiales,
la mega comisión de investigación instalado en el congreso para escrutar la
gestión aprista y siendo la más trascendente el sector policial donde cesaron 30
generales y se prepara el retiro de otros 3 mil 500 oficiales, entre coroneles,
comandantes, mayores, capitanes y tenientes con la justificación como expresa
el ministro del Interior, Óscar Valdés, “el inicio de una reingeniería en esa
institución con el objetivo de establecer una pirámide meritocrática”.
Vista
como reingeniería o purga estas acciones están orientadas a lavar la cara e imagen
de corrupción que goza y destruye este sector, en esta oportunidad no deseamos
contribuir ha seguir haciendo leña del árbol caído sino a reflexionar cual es
el que papel jugamos. Según la Sexta Encuesta
Nacional sobre Corrupción de Pro Ética, se considera que las instituciones percibas
como las más corruptas son el Congreso de la republica con 46%, la Policía Nacional con 45% y el
Poder Judicial con el 38%.
Esta
puntería iniciada en los niveles más altos de la PNP nos genera la esperanza de que pueda tener repercusión
e impacto inmediato en todos los uniformados y los espacios policiales a los
que concurrimos por orden y seguridad, toda la población sabe cuales son las
modalidades de corrupción al interior de este sector, al iniciarse esta
limpieza se habían ya planteado directivas que conminaban a los efectivos y
oficiales a no robarse el combustible de los patrulleros y motocicletas, prohibir
cualquier tipo de cobro para hacer uso de un vehículo policial, no sacar provecho
de la gasolina que emplean los patrulleros y a que los comisarios no cobren
cupos a sus subordinados para salir a realizar operativos en los vehículos, a
que no se cobre cupos para movilizar y desplazar en los puestos policiales
claves, incluso las disposiciones
también se menciona que el oficial de permanencia y el comisario deben
verificar la calidad del rancho que se sirve al personal, de igual forma
también denunciaban que en las comisarías existen “agentes fantasmas”, quienes
cobran su sueldo pero que no asisten a laborar, gracias a la complicidad de sus
superiores. Esperamos que esta purga pueda también llegar al personal subordinado
para que podamos recuperar el respeto de autoridad a la envestidura policial.
Estas
iniciativas no servirán de mucho sino colabora la sociedad. Ha habido, hay y
habrá corrupción mientras existan cómplices, que sobornen, que escondan, que
pidan favores, que promuevan la coima, pareciera que en el Perú, existe un
“contrato social imaginario” donde el más vivo es le más preparado para
transgredir y sacarle la vuela a la ley, no miramos al corruptor con ojos
críticos, sino más bien con admiración, queriendo estar en su lugar. Esta
fascinación por “el vivo” nos quita fuerza para denunciar, nos fragmenta,
lanzándonos a una pasividad resignada. No debe darnos alegría estas acciones
que se vienen haciendo en la policía, sino pena por que estamos debilitando a
una de las instituciones que brinda valores, seguridad y tranquilidad, porque
en ella nosotros fuimos también cómplices silenciosos ser parte de ella y no denunciar adecuadamente en su momento. Esta
lucha contra la corrupción necesita transformar
nuestra actitud de ciudadanía para ejercer un control de vigilancia responsable
sobre la administración pública y orientar sus demandas y acciones de mayor
eticidad hacia el Estado.

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