LINCHAMIENTO EN PUBLICO
Juan Carlos Callacondo Velarde
Chato corrupto, caballerito incapaz, sin vergüenza de cuello y corbata, alcalde ratero, incapaz, porquería inmoral, delincuentes desgraciados, este individuo desgraciado, en colmo de la conchudez estos burros, maldito ratero, este mal parido tiene la mamadera del estado y tiene delincuentes trabajando, este sonsonazo impulsa tonterías estos y otros adjetivos calificativos que no podemos reproducir se irradian mañana a mañana en tres radios locales que aparentemente gozan de una buena sintonía popular. Esta forma irresponsable de usar el poder del lenguaje y los medios de comunicación pareciera una forma impune de ejercicio periodístico y de opinión pública.
Un discurso periodístico propalado con estas condiciones de lenguaje debe preocuparnos por que el impacto y la formación de la opinión pública, este, se constituye en una agresión y delito permanente a la ciudadanía, la gobernalibilidad y la libertad de expresión. El periodista tiene como función social ser intermediario objetivo entre la información y la inteligencia de sus auditores y no expirar odio, cólera, resentimiento, violencia sobrepasado los límites de la dignidad y la sensibilidad humana llegando a un extremo de morbosidad que no corresponde con un tratamiento ético de la información.
El problema ético de estos medios de comunicación es ver si respetan los derechos humanos y las libertades individuales o si tienen simplemente una ambición de fama y sintonía en busca de más rentabilidad económica o influencia ideológica. Este linchamiento público día a día pareciera estar poniéndose de moda sin respeto a la dignidad humana. En el proceso de sintonizar una radio e informarse participan muchas personas, implicadas en el derecho a la información, y todas ellas deben ser respetadas en su dignidad. Por eso, es necesario insistir permanentemente en la formación de valores y respeto a la ética en todos los sistemas educativos y comunicativos.
Estas dos variables el ser éticos y rentables es perfectamente compatible y complementarios. Más aún, los contenidos éticos no sólo generan rentabilidad económica sino también rentabilidad social, ese valor a veces intangible da sentido a la idea de humanidad. Como es de conocimiento básico, el ejercicio periodístico debe estar siempre animado del espíritu de respeto y defensa de la verdad así como del propósito de ilustrar honestamente al público acerca de las materias divulgadas, ateniéndose rigurosamente a las fuentes y datos consultados, evitando sesgos individuales o de partido y rechazando conclusiones preconcebidas.
El ejercicio y la investigación periodística deben respetar el honor y la honra de las personas y de sus familias. Todo ser humano tiene derecho al honor, es decir a la consideración que merece por su dignidad de persona, cualquiera que sea su conducta. El tal sentido estos malos periodistas deben ahorrarse calificativos impertinentes y prescindir por completo de afirmaciones o imputaciones no comprobadas. Las ofensas a la honra de las personas no pueden escudarse en el poder del micro, necesitamos ser más críticos con los procesos que nos forman y nos educan.

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