AREQUIPA
Juan Carlos Callacondo Velarde
Nuevamente
un año, otra oportunidad para sentirnos más Arequipeños. Estamos de
aniversario, estamos de fiesta, estamos de hapy, todos estamos prestos, nos
alistamos y se celebraremos, bailaremos,
cantaremos por la Arequipa tradicional, la multicultural, la volcánica, la
revolucionaria y la post moderna. Uno se siente intensamente emocionado,
identificado, interiorizado, con alta autoestima de ser arequipeño.
Sin
duda, sea cual fuese nuestros origen de nacimiento o de adopción, pero sentimos
nuestra esta cultura tradicional loncco, chacarera, characato que se reverbera en la arquitectura tradicional entre el
sillar, el fiero forjado y la piedra laja, aun respiramos a bocanadas ese intenso sentimiento tradicional
arequipeñista, lonco, rebelde y único en sus pueblos tradicionales de Cayma,
Yanahuara, Tiabaya. Todos saboreamos el adobo, el rocoto relleno, el ají de
calabaza que nos alimenta y recuerda día
a día que tenemos en el ADN la herencia cultural de Deán Valdivia, Mostajo,
Melgar y todos los ilustres arequipeños. Todos tomamos y asumimos las fuerzas
de los toros y los gallos de pelea, y
bailamos el carnaval arequipeño con la
fuerza telúrica de sus volcanes.
Hoy es una obligación incorporar al arequipeñismo, la
multiculturalidad para siempre ser los
mestizos de siempre o el nuevo reto de
ser ciudadano intercultural. Quien puede
negar que seamos la capital del sur donde se fusionaron y se funcionan
diariamente muchas culturas llegadas desde diferentes puntos del mundo. En este
espacio de tiempo y territorio aprendimos a convivir, a cantar, a bailar, a
comer, se hablar los diferentes lenguajes de la multiculturalidad. Nos dejamos
de ser lo que somos, sino matizamos, combinamos, fusionamos, perfeccionamos,
mezclamos nuestras culturas bajo el patrón cultural arequipeño. Pero con la
tarea pendiente de ser ciudadanos interculturales donde exista un
reconocimiento del derecho a la diversidad y en franco combate contra todas las
formas de discriminación y desigualdad social. Aprender a convivir en armonía nos
hará más fuerte de lo que somos.
Arequipa
ya no solo es tradicional, multicultural, ahora creo que es post moderna. La gran ciudad
es devorada día a día por un espíritu distinto, se respira en el ambiente algo
nuevo y estamos frente a muchas cosas nuevas, esto es parte de la
radicalización de la modernidad que da la bienvenida a la post modernidad. Creo
que somos post modernos sin haber sido modernos. Nuestros niños, adolescentes,
jóvenes y muchos ciudadanos arequipeño hoy viven, consumen, leen, bailan,
disfrutan de la pasión del fenómeno cultural
de la globalización, son fervientes defensores de la pluralidad, de los
puntos de vista distintos sobre la realidad, el relativismo, la diversidad, el
consumo, el hedonismo y el placer desbordados, en un ambiente postmoderno,
dejan pocas posibilidades para las apuestas colectivas y para la política. Esta
es y será una Arequipa mucho más compleja y cuya complejidad está determinada
en gran parte por el papel que ejercen en ella los medios de comunicación y la revolución tecnológica.
Pero
igual nos sentimos y festejaremos a nuestra querida Arequipa.

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