POLITICAS CULTURALES
Juan Carlos Callacondo Velarde
Este
fin de semana participe del concierto ofrecido por la Orquesta Sinfónica
de Arequipa, el evento tuvo lugar en el sector 6 de Enace Cayma, un espacio
urbano marginal, asentada en el cinturón de pueblos excluidos que desde su
constitución luchan, se esfuerzan, desafían, entre su realidad, la pobreza y la esperanza de
vivir un lugar digno. La presencia de la Orquesta Sinfónica
esparció por primera vez ante la población del sector junto a sus hijos, en su
mismo espacio, con sus mismos vecinos las
dulces melodías emitidas, siendo el un acto sui generis para estos sectores,
esta iniciativa fue promovida por la municipalidad distrital de Cayma.
La
experiencia nos permite reflexionar la necesidad de promover políticas
culturales para los sectores populares donde existe alta demanda por los
mismos, aún existe una percepción elitista de la cultura, de las bellas artes,
como si esto fuera patrimonio de algunos sectores privilegiados. A los
municipios, las universidades, los medios de comunicación, a las instituciones
educativas. Todos los ciudadanos tenemos la obligación humana de impulsar
acciones que permitan colocar la cultura mas cerca de las personas y esto
significa movilizar, formar y generar estrategias para que ocurra.
Un
experto local sostenía y concuerdo plenamente con él, que promover políticas
culturales significa que los municipios ayuden permanentemente a democratizar, dignificar y descentralizar las actividades culturales, para ello es necesario situar a la cultura y
los problemas de la cultura como parte de una agenda de los debates, los
intereses y los procesos de planificación para
que tengan un financiamiento y estas permiten un factor de integración
social y construcción de ciudadanía.
Democratizar
la cultural es promover una educación no formal que de sus beneficios todos
ganaremos, en los municipios esta ganancia
se llama construcción de
ciudadanía. La cultura es un buen factor de integración social, es una
herramienta de combate a la exclusión, es un puente para la democratización del
acceso a los bienes y servicios culturales. Hoy podemos constatar que existe un
abandono total de los gobiernos locales, regional hasta el nacional, ella se
traduce en hegemonía y monopolio de empresa privada, del mercado, del imperio
de las reglas de oferta y demanda, el estatus quo de lo hegemónico, que en
fondo nos pasan gato por liebre contrabandeando marquesinas y rating al que nos
hemos estamos acostumbrado por ser la única oferta , todo lo que vemos,
sentimos, escuchamos y bailamos son expresiones culturales que nos enajenan,
alienan y destruyen en la construcción
de nuestras identidades.
El
abandono del estado de sus responsabilidades con la cultura implica el abandono
en manos de una construcción cultural que nos empobrece como comunidad, como ciudad.
Dignificar la cultura es
reconocer que existen muchas culturas y cada uno tiene su valor y saber
diferenciar permite disfrutar, practicar, desarrollarla, crearla y cultivarla. Una muestra de teatro, la
música académica, la lectura de un libro, las maravillas de un buen cine
dignifica la esencia del ser humano.
La
cultura no es una superestructura alejada de las comunidades en las que
vivimos, sino es vida, realidad, reflexión, por consiguiente su presencia es
vital en nuestras casas, en los mismos lugares donde habitamos porque todos
tenemos derecho al acceso de los valores estéticos, por eso necesita estar cerca de nosotros, en nuestras
vidas, en nuestras calles, nuestros pueblos
así como en el sector Enace de Cayma.

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