DE LA DESPERANZA A LA ESPERANZA
Juan Carlos Callacondo Velarde
Esta ultima elección presidencial en su segunda vuelta, tal vez fueron los más reñidos y polarizados de estos últimos años, fue un entrenamiento frontal entre dos formas de ver los sistemas sociales, políticos y económicos, la clásica división de ricos y pobres, de la derecha y la izquierda. Ollanta Humala fue electo con el voto mayoritario proveniente las nuevas esperanzas del sur y de los sectores excluidos que claman un desarrollo inclusivo donde el crecimiento económico tengan mejores posibilidad de equidad, las convergencia productiva permita tener mejores posibilidades de cohesión social y el estado desarrolle políticas de protección social por los mas excluidos.
Sin duda una de las banderas que más adhesión ha generado, es uno de los objetivos del milenio ya presentados en el año 2000, que refiere favorecer los principios de inclusión y equiparación de oportunidades en el marco de la lucha contra la pobreza y por el desarrollo socio-económico y humano, siendo una de las metas mas importantes el de reducir a la mitad la pobreza extrema y el hambre. Esta propuesta no es de derecha ni de izquierda, sino uno de los compromiso que el estado peruano a sumido en esta gran plataforma de consenso mundial.
Generar un desarrollo inclusivo es atender las necesidades básicas insatisfechas como son el acceso a la vivienda o un techo propio, a tener agua potable y sistemas de desagüe para todos, en una educación de calidad para todos a mejores y dignos ingresos económicos. El gobierno de Ollanta tendrá como reto revertir y mejorar estas necesidades básicas, para que sus electores en los bolsones de la pobreza donde alcanzo votos hasta el 80% recuperen en el estado la instancia del bienestar social. Un desarrollo inclusivo también significa, viabilizar la participación social, donde el actor principal de la gestión política sea el consenso y la participación, de tal forma las actitudes autoritarias no sea un estilo de gestión.
Definitivamente, estamos frente a un gobierno que transformará la sociedad peruana, el 2011 debe ser una división entre el pasado y futuro, un antes y después. Esta ruptura nos coloca a todos con muchas tareas sobre los hombros para los que compartimos espacios como este y los académicos tenemos la obligación de analizar, proponer, reconstruir creativamente nuevas políticas sociales donde mejor se entienda un desarrollo inclusivo, donde el crecimiento acelerado y sostenido sea cada vez el equitativo.
Si no asistimos a este nuevo llamado de la historia no podremos entender esta nueva posibilidad de gobierno planteado, donde la convergencia productiva nos de más oxigeno para vivir en democracia, donde tengamos mas convergencias que divergencias en una nueva construcción de la cohesión social y fundamentalmente el estado desarrolle políticas de protección social por los mas excluidos. Estamos frente a un nuevo gobierno donde hay la posibilidad de creer en la esperanzan en la utopía de bienestar general.

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