PANDILLA Y DELINCUENCIA JUVENIL Juan Carlos Callacondo Velarde
La semana pasada en la zona alta de Cayma irrumpió la calma de los vecinos unos 60 pandilleros armados de machetes, bombas caseras, alcoholizados, y drogados, supuestamente para vengar una acción no deseada de otra pandilla juvenil. La población de ENACE junto a su alcalde reaccionó rápidamente para repeler y responder a estos adolescentes y jóvenes desadaptados que desean que la población viva en constante zozobra.
En esta zona como en otras, todas las calles, todas las paredes y los espacios públicos están posicionados por graffiti de barras de equipos y pandillas juveniles, detrás de estas inofensivas simbología se esconde la alta organización de bandas delincuenciales que han tomado nuestras nuestra existencia, nuestro barrio, nuestro distrito como espacio su suyo, su territorio, su propiedad liberado. En dichos espacios ellos comenten con facilidad actos delictuosos como robar celulares, asaltar extraños, robar casas, comercializar droga, promover la prostitución para sobrevivir y solventar sus fechorías.
Estas pandillas se inician con pacíficas y comunes reuniones de jóvenes en la esquina de una calle o barrio, para compartir una conversación o su práctica deportiva favorita y esta asociado a su situación de pobreza económica, abandono social, su etapa de vida (adolescente) y la negativa influencia de amigos u otros; conlleva a que sean un grupo vulnerable e influenciable para optar comportamientos delictivos. La causa de estas pandillas esta en la debilidad y la desintegración de la familia, el abandono de la sociedad y la ausencia del estado.
Nuestra primera reacción es reprimir en forma directa de tal forma los municipios y los vecinos exigen comprar más unidades móviles para el serenazgo, incrementar más efectivos policiales, más cámaras, invertir más dinero en enfrentar la delincuencia esta exigencia y acción esta bien, pero no soluciona las verdaderas causas de los problemas que en muchos de los casos es posible que los pandilleros desarrollaren otras habilidades delincuenciales e incrementen mas rebeldía. Muchas investigaciones sobre tema expresan que más represión incrementa más violencia, más delincuencia.
Los municipios, la policía nacional, los órganos del ministerio de justicia si realmente desean tomar y asumir la papa caliente de la delincuencia juvenil necesitar hacerle una intervención integral con un enfoque preventivo y recuperativo donde involucre directamente a los lideres pandilleros, equipos multidisciplinarios, la familia y generar alianzas estratégicas entre las instituciones del estado y la empresa privada.
Con mucho agrado esta semana pude ver la experiencia que viene alentando la Fiscalia con el programa de Jóvenes Lideres hacia un futuro mejor en la zona alta de Cayma donde tiene como propósito trabajar con líderes pandilleros en proceso de recuperación y construcción de cultura preventiva, para que muchos pandilleros culminen sus estudios, desarrollen otras habilidades sociales que le permitan reinsertarse a la sociedad.
Este otro es el otro caminos que debe impulsarse generar, organizar proyectos, campañas y programas educativos para sensibilizar a los jóvenes acerca de los efectos perjudiciales en el plano personal y social de la violencia en la familia, la comunidad y la sociedad, enseñarles el modo de comunicarse sin violencia y promover la capacitación de modo que puedan protegerse y proteger a los otros contra la violencia.

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