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domingo, 19 de noviembre de 2017

En modo esperanza

Juan Carlos Callacondo Velarde                                                                                   Comunicador Social y Docente Universitario

Luego de la clasificación al mundial de Rusia 2018, respiramos, hablamos, comemos, nos acostamos y levantamos con el menú empachado del futbol. Los 30 millones de habitantes de pronto hemos entrado en modo esperanza, ahora creemos que todo es posible, hay ilusión de que todo cambie en este país de desesperanzas. La hazaña del tigre Gareca y sus guerreros nos demuestra cual el caminos a la felicidad, la forma de como cohesionar un país fraccionado y fragmentado, nos da una lección ejemplar de liderazgo y trabajar equipo para lograr  objetivos y metas comunes.
Lo que hizo la selección peruana el último 15 de noviembre  generó mucha esperanza y felicidad a todos los peruanos, si nos pudiéramos medir la felicidad seguro que ese día fue el día más feliz para todos en estos últimos 40 años. La felicidad es un indicador  de éxito y logro que mide el nivel de bienestar de un pueblo, por eso que el futbol es uno de los deportes masivos más populares. La felicidad no es una cosa fortuita que se encuentra como en el sorteo de una lotería, sino es un resultado de un trabajo permanente y persisten. La felicidad es una consecuencia de muchos fracasos y logros.
El futbol es una panacea social  de coyuntural que nos está dejando muchas lecciones para aprender. El deporte y en especial el futbol es una herramienta extraordinaria para cohesionar socialmente a un país excluyen, racista y violento. Es cierto, que en los partidos de clasificación nos unimos, nos abrazamos, nos besamos lloramos todos, sin diferencias de clases sociales, dejamos nuestras posturas políticas, abandonamos nuestras religiones y confesiones. Cantamos con emoción inflamada nuestro Himno Nacional, portamos los colores patrios de diversas formas y estilos. Ahora nos sentimos más peruanos, más cholos, porque el Perú es único y está de moda a nivel mundial. Todos disfrutamos de este éxito porque todos nos cohesionamos socialmente y le acompañamos a la selección en los peores y mejores momentos. Para tener una sociedad justa e igualitaria necesitamos ese alto grado de cohesión social. Con esa misma actitud  y cohesión social derrotaríamos nuestros grandes problemas e inequidades sociales.
Cuando combinamos las variables de liderazgos, equipo y metas y es posible lograr cosas imposibles. Quedó atrás aquel estribillo “jugamos como nunca,  pero perdimos como siempre”. Ahora jugamos en equipo y en pared, nadie nos derrota. El punto de partida fueron los liderazgos de Oviedo, Oblitas, Gareca quienes silenciosamente diseñaron un plan de éxito en el que creyeron y nos hicieron creer que es posible estar en el mundial. Este modelo de gestión deportiva  es totalmente opuesto al autoritarismo, caciquismo de Burga. El tigre supo armar un equipo en base hombres y no de nombres, empoderar su equipo desde adentro y no desde fuera. Esta es una selección no de argollas  sino de talentos provenientes de muchos colores, de culturas, de rostros variados, de  todo el territorio, desde norte al sur, desde la costa a la selva. Con un buen equipo ninguna meta es complicada.

Esta clasificación es una reivindicación simbólica de los 36 años de frustración, de fracaso, de crisis y problemas sociales, económicos, culturales. Nuestras autoridades y políticos  son los que más deben aprender de las estrategias y tácticas del ciego Oblitas y del tigre Gareca y nuestra selección peruana. 

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