Juan
Carlos Callacondo Velarde
Comunicador Social y Docente Universitario
Luego de la clasificación al mundial de Rusia
2018, respiramos, hablamos, comemos, nos acostamos y levantamos con el menú empachado
del futbol. Los 30 millones de habitantes de pronto hemos entrado en modo
esperanza, ahora creemos que todo es posible, hay ilusión de que todo cambie en
este país de desesperanzas. La hazaña del tigre Gareca y sus guerreros nos
demuestra cual el caminos a la felicidad, la forma de como cohesionar un país
fraccionado y fragmentado, nos da una lección ejemplar de liderazgo y trabajar
equipo para lograr objetivos y metas
comunes.
Lo que hizo la selección peruana el último 15
de noviembre generó mucha esperanza y felicidad
a todos los peruanos, si nos pudiéramos medir la felicidad seguro que ese día fue
el día más feliz para todos en estos últimos 40 años. La felicidad es un
indicador de éxito y logro que mide el
nivel de bienestar de un pueblo, por eso que el futbol es uno de los deportes
masivos más populares. La felicidad no es una cosa fortuita que se encuentra
como en el sorteo de una lotería, sino es un resultado de un trabajo permanente
y persisten. La felicidad es una consecuencia de muchos fracasos y logros.
El futbol es una panacea social de coyuntural que nos está dejando muchas
lecciones para aprender. El deporte y en especial el futbol es una herramienta
extraordinaria para cohesionar socialmente a un país excluyen, racista y
violento. Es cierto, que en los partidos de clasificación nos unimos, nos
abrazamos, nos besamos lloramos todos, sin diferencias de clases sociales, dejamos
nuestras posturas políticas, abandonamos nuestras religiones y confesiones. Cantamos
con emoción inflamada nuestro Himno Nacional, portamos los colores patrios de
diversas formas y estilos. Ahora nos sentimos más peruanos, más cholos, porque
el Perú es único y está de moda a nivel mundial. Todos disfrutamos de este éxito
porque todos nos cohesionamos socialmente y le acompañamos a la selección en
los peores y mejores momentos. Para tener una sociedad justa e igualitaria necesitamos
ese alto grado de cohesión social. Con esa misma actitud y cohesión social derrotaríamos nuestros
grandes problemas e inequidades sociales.
Cuando combinamos las variables de liderazgos, equipo
y metas y es posible lograr cosas imposibles. Quedó atrás aquel estribillo “jugamos
como nunca, pero perdimos como siempre”.
Ahora jugamos en equipo y en pared, nadie nos derrota. El punto de partida fueron
los liderazgos de Oviedo, Oblitas, Gareca quienes silenciosamente diseñaron un
plan de éxito en el que creyeron y nos hicieron creer que es posible estar en
el mundial. Este modelo de gestión deportiva es totalmente opuesto al autoritarismo, caciquismo
de Burga. El tigre supo armar un equipo en base hombres y no de nombres,
empoderar su equipo desde adentro y no desde fuera. Esta es una selección no de
argollas sino de talentos provenientes
de muchos colores, de culturas, de rostros variados, de todo el territorio, desde norte al sur, desde
la costa a la selva. Con un buen equipo ninguna meta es complicada.
Esta clasificación es una reivindicación simbólica
de los 36 años de frustración, de fracaso, de crisis y problemas sociales, económicos,
culturales. Nuestras autoridades y políticos son los que más deben aprender de las estrategias
y tácticas del ciego Oblitas y del tigre Gareca y nuestra selección peruana.


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