Juan
Carlos Callacondo Velarde
Comunicador Social y Docente Universitario
Las letras de una canción dice; la vida no es esperar a que pase la
tormenta, es aprender a bailar bajo la lluvia. Las fuertes precipitaciones de
aguacero que se generan en el todo el país ha despertado la furia de la
naturaleza una buena parte de las ciudades del país se encuentra en emergencia.
Muchos estudios e indicadores expresan que así serán los días de los próximos años
como producto de la contaminación y el cambio climático que nosotros mismos
generamos.
Estas destrucción que han generado las
crecidas de ríos, los huaycos nos muestra que los peruanos solo hablamos,
dictamos normas, leyes y nos los implementamos. Desde hace muchos años se ha declarado en el país que la Gestión del Riesgo
de Desastres, la cultura de la prevención era una obligación, una exigencia que todas las
autoridades, empresas, las familia, los colegios todos debemos implementarlos
que permitan estar preparados para estos
tiempos.
Sabemos que nuestro territorio por su
condiciones geográficas y climáticas diversas, como su ubicación en el Cinturón
de Fuego del Pacifico, y la presencia de la Cordillera de los Andes y el
Anticiclón del Pacifico, entre otros, hace que sea altamente vulnerable, sin
embargo no hicimos nada serio. No planificamos cuidadosamente el crecimiento de
las ciudades, la gente se ha metido en el lecho de los ríos, en las torrenteras,
las autoridades lo han permitido, en muchos
casos fueron cómplices de estas invasiones. Nuestros técnicos, constructores e
ingenieros fueron negligentes, se corrompieron haciendo obra como caminos, vías,
construcciones sin normas de seguridad. Todo lo que estamos cosechando es
producto de nuestra informalidad, de la corrupción
que esta enquistada en todos los aparatos del estado y de la empresa privada.
El estado peruano, del que todos somos parte, ha generado la Ley 29664 Sistema Nacional de Gestión del
Riesgo de Desastres que tiene cuyo fin
último la prevención, la reducción y el control permanente de los factores de
riesgo de desastre, así como la adecuada preparación y respuesta ante
situaciones de desastre. Esta ley expresa y alerta la necesidad de implementar políticas
nacionales y sub nacionales en materia económica, ambiental, de seguridad,
defensa nacional y territorial de manera sostenible. Sin embargo es letra
muerta.
Por otro lado, el Ministerio del Ambiente, ha
elaborado el mapa de vulnerabilidad física donde nos alerta que el 46% del
territorio nacional se encuentra en condiciones de alta vulnerabilidad que
alberga por lo menos 18 millones de habitantes ¿Se hizo algo en
dichos territorios y espacios de vulnerabilidad? La realidad nos dice poco o nada.
Requerimos por necesidad y obligación aprender
a bailar bajo la lluvia, desarrollando una cultura de prevención en todas las
familias e implementar la ley de la Gestión
del Riesgo de Desastres otorgando presupuestos y prioridades de forma urgente.


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